El arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos llamó ayer a los católicos a no cerrarse a la bendición de Dios para que cambien sus corazones porque el estado está sediento de paz desde hace mucho tiempo.
“Que cambien sus corazones para que cambien nuestras comunidades, porque estamos sedientos de paz”, afirmó.
Durante la bendición de las aguas de la tradicional festividad de La Samaritana, ofrecidas frente al templo de La Preciosa Sangre de Cristo, el pastor religioso pidió a los creyentes tener un encuentro con el Señor, como lo tengan en su mente y en su corazón, porque siempre será una bendición.
“Reciban la bendición de nuestro Dios, no se cierren a esa bendición. Dios los quiere bendecir, Dios se quiere encontrar con ustedes, como lo hizo el señor Jesús con la Samaritana. Él provocó ese encuentro, para cambiar el corazón de aquella mujer y el corazón de aquel pueblo”, asentó.
Por eso, sostuvo que la bendición de Dios cambiará los corazones de los católicos, especialmente de los habitantes de las comunidades, porque Oaxaca está sedienta de paz desde hace mucho tiempo.
“Estamos sedientos de paz. Pedimos la paz, exigimos la paz. Y yo quisiera que nos preguntáramos si realmente vivimos en paz ¿Vivo en paz conmigo mismo?, ¿no hay nada en mi interior que me remuerda, que me diga que no estuvo bien?”, aseveró.
De esta manera, exhortó a los creyentes a reencontrar la paz en su interior, porque así encontrarán esa relación de paz con quien está lleno de misericordia, de compasión, de amor y de perdón.
“Es nuestro Señor y él te invita a vivir la reconciliación. Ve a reconciliarte con tu hermano, porque solamente así tendrás paz, reconciliarte con tu hermano”, añadió.
Además, subrayó que las comunidades de Oaxaca necesitan reconciliarse para terminar con los enfrentamientos y con las pugnas.
“Necesitamos vivir reconciliados, necesitamos vivir en paz, para que ya no haya muertes, como las que sucedieron hace unos días”, señaló.
Destacó que los católicos deben llenarse también de paz y hacer experimentar la paz a sus hermanos con amor.
“Vayan al encuentro con sus semejantes y que sean esos encuentros agradables y gratos. Encuéntrense con nuestros hermanos, con sus prójimos y déjenle una semilla de alegría, de gozo y de paz, como la dejó nuestro Señor en la Samaritana”, afirmó
De la misma manera, resaltó que los creyentes no solamente deben compartir el agua, sino también compartir el amor con su prójimo y sus semejantes.
“Sigan llenándose de gracia, de virtudes, porque así lo quiere nuestro Señor y así respondan generosamente a él”, remarcó.
Ante esto, Vázquez Villalobos dijo que los católicos podrán ser igualmente una fuente de agua viva, como lo dice nuestro Señor. “Que también nuestros semejantes puedan beber del amor nuestro, del gozo, de la alegría, del espíritu de servicio, de la generosidad, del respeto entre nosotros, que puedan beber de todo lo que hay en nuestro interior”, aseveró.
La representación
Antes de la bendición de las aguas, el Grupo de Teatro de la Universidad Lasalle Oaxaca escenificó el pasaje bíblico del Evangelio de Juan, donde Jesús, cansado y sediento, se encuentra con una mujer en la entonces ciudad de Samaria, a la que le pide de beber, a pesar de que los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí.
La mujer samaritana le dijo “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Entonces, respondió Jesús “Si conocieras el don de Dios y es el que te dice, dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”.
El origen
La tradición de La Samaritana en la ciudad de Oaxaca se remonta a la época colonial cuando los evangelizadores españoles introdujeron el pasaje bíblico donde Jesús pide agua a una mujer de la ciudad de Samaria.
Desde esa época, el pueblo oaxaqueño comenzó a regalar agua fresca a los feligreses que salían de los templos, después de salir de la misa.
Con el paso de los años, la tradición se expandió y se convirtió en una celebración popular en toda la ciudad.
