Las educadoras indígenas Geraldina y Ana López Curiel presentaron el primer libro para niños en zapoteco de San Lucas Quiaviní, “Banya, zhyap colory bany” (Banya, la niña color de barro), en el que se narran las vicisitudes que viven los hijos de padres que migran en busca de una vida mejor y dejan en su comunidad a su familia, en el Centro Cultural El Pochote del municipio de Tlacolula de Matamoros.
El texto relata la experiencia de una niña de nombre Banya (que en zapoteco significa lodo), quien tiene que enfrentar la separación de su padre del núcleo familiar para radicar en otra ciudad por sus condiciones económicas.
“Le asignamos este nombre, porque ella tiene que aprender a revalorar hasta su color de piel, su lengua, sus costumbres, sus tradiciones, su identidad, pues básicamente es una niña que pierde todo y después con la ayuda de su maestra recobrar su identidad comunitaria”.
Geraldina recuerda que ella vivió en carne viva esa ruptura y por ello decidió plasmar en el papel esta historia.
“Es una parte de mi vida y los problemas que me generó la separación con mi padre, por eso quisimos rescatar como estos niños que son desplazados de su comunidad cómo viven la migración, cómo ellos experimentan situaciones sociales a las que no han estado acostumbrados, de las que no conocen”.
El libro es fruto del arduo trabajo de dos años, porque si bien la mayoría de los habitantes del municipio de San Lucas Quiaviní, habla zapoteco, no se escribe.
“Nuestra lengua materna es el zapoteco, pero realmente no nos habíamos preguntado qué es lo que expresan las palabras que nosotros decimos todos los días, entonces gracias a que conocemos a los investigadores Doctor Felipe Hernández López y su esposa Doctora Brook Danielle Lillehaugen, del Haverford College, quienes han hecho importantes aportaciones en la escritura del zapoteco, nos empiezan a integrar en este mundo de la escritura de nuestra lengua y a través del análisis del mismo lenguaje nos dimos cuenta de la profundidad de las palabras, de la carga emocional que tiene una sola palabra del zapoteco”, expresa Geraldina.
Añade que en el zapoteco el tono es muy importante, “si nosotros le cambiamos el tono, lo que estamos diciendo cambia de contexto, por eso es importante para nosotras mantener la esencia de las frases”.
Ana señala que los niños de San Lucas Quiaviní hablan zapoteco, “pero lastimosamente no se nos enseñan a escribirlo, hasta que conozco al Doctor Felipe (originario también de San Lucas Quiaviní, que migró y estudió en Estados Unidos) es que nos enseña a escribir en zapoteco y comprender mi lengua materna, porque yo lo hablo perfectamente, pero no lo escribo y es distinto. Cuando empiezo con la escritura me enamoro de esto y es cuando nace el amor por los libros”.
- ¿Y cómo nació la idea de crear este libro?
- Nació de vivir esa experiencia, de vivir esa ruptura familiar por la migración para buscar mejores oportunidades de vida. De ahí nació esta iniciativa, al vivir estas experiencias. Teniendo las dos la profesión de docentes, quisimos tener las habilidades para reconstruir lo que es la amistad entre niños, porque se habla mucho sobre la migración, pero no cómo la viven los niños, no cómo la sobrellevan, por eso tuvimos la iniciativa de hacer un material donde se plasmen estas experiencias. Esto es para ayudar a los niños sobre lo que es la migración, qué es lo que pasa en las comunidades donde se vive esta problemática, como en mi pueblo San Lucas Quiavini donde la mayoría de sus habitantes están en Estados Unidos, en México o Monterrey laborando.
- ¿No hay entonces una gramática del zapoteco de San Lucas Quiaviní?
- No, los doctores Brook Danielle y su esposo Felipe tienen varios años trabajando en el Valle de Tlacolula con un equipo de lingüistas y han logrado desmenuzar lo que es el zapoteco, por eso nosotras tuvimos que aprender a comprender y escucharnos, para entender las letras, los tonos, y gracias a eso hemos ido aprendiendo poquito a poquito.
Ana manifiesta que también tuvieron que trabajar en la traducción, porque el español es más directo y en zapoteco hay que buscar la palabra adecuada que ayude a expresar exactamente lo que uno quiere decir, porque no es lo mismo escribir una oración en español que en zapoteco, porque a nuestra lengua hay que darle profundidad para que no pierda el contexto.
Las hermanas subrayan que a pesar de que el zapoteco todavía es la lengua dominante en su comunidad, hay que evitar que se pierda, “porque con la tecnología y el sistema educativo a veces los niños por practicidad prefieren el español y se olvidan de su lengua materna.
Informan que la edición del libro fue gracias al financiamiento de unos estudiantes chinos y la ilustradora Michaela Richter, quien es licenciada en Lingüística y Ciencia Política del Haverford College en Filadelfia, Estados Unidos.
“Los estudiantes vinieron a visitarnos con el grupo del Doctor Felipe y la Doctora Brook Danielle, les presentamos el material y decidieron financiar el proyecto de la edición del libro, porque aquí no hay apoyo, si con suerte te escuchan”.
Comentan que el libro se vende a los no hablantes de zapoteco, a fin de que se puedan imprimir más ejemplares que serán regalados entre las comunidades zapotecas del Valle de Tlacolula.
“Nosotros queremos que los habitantes de las comunidades indígenas valoren su lengua y, además, trabajen para difundirla. Ahora que inicien las clases tenemos planeado ir a las escuelas de la misma comunidad a presentarles el libro, a explicarles, a comentar con ellos esta realidad que no viven en su salón de clases, pues en sus pueblos se sienten seguros y confiados en su lengua, no como cuando están afuera”.
Destacan que a partir de esta experiencia tiene la intención de seguir escribiendo e, incluso, ya están buscando material didáctico para poder enseñar a las personas adultas que no hablan zapoteco, “para que puedan aprender las palabras, los colores, los árboles, todo el mundo que los rodea en su pueblo”.
“Le asignamos este nombre, porque ella tiene que aprender a revalorar hasta su color de piel, su lengua, sus costumbres, sus tradiciones, su identidad, pues básicamente es una niña que pierde todo y después con la ayuda de su maestra recobrar su identidad comunitaria”.
Geraldina López Curiel
"Teniendo las dos la profesión de docentes, quisimos tener las habilidades para reconstruir lo que es la amistad entre niños, porque se habla mucho sobre la migración, pero no cómo la viven los niños, no cómo la sobrellevan".
Ana López Curiel
