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Domingo día del Señor

 Evangelio: Mt 25, 31-46. Foto: Agencias
Foto(s): Cortesía
Redacción

P. Gregorio Gil Cruz Glz.

 

 

“Vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino”

Evangelio: Mt 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y el apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Vengan, benditos de mi padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme”. Los justos le contestarán entonces: “Señor, ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?” Y el Rey les dirá: “Yo les aseguro que cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron”.

Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron,  estuve  desnudo y no  me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron”. 

Entonces ellos le responderán: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos? ´ Y él les replicará: Yo les aseguro que cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo. Entonces irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Palabra del Señor

 

Después de celebrar la Festividad de Todos los Santos, la Iglesia conmemora a todos los fieles difuntos, como un día especial para orar por quienes ya nos han precedido en la muerte y también para meditar sobre nuestra fe en la resurrección. La fiesta de Todos los Santos significa que celebramos a los que ya han llegado a la intimidad con Dios y la conmemoración de los fieles difuntos (que celebramos en este día) es para orar por los que han muerto con la esperanza de resucitar con Cristo.

La Fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos son una bonita oportunidad para reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia y nuestra vocación de pueblo peregrino hacia la casa del Padre celestial.

Podemos decir que el cielo, el Reino de Dios, se inicia aquí en la tierra y tiene su pleno cumplimiento después de la muerte, cuando Jesús venga rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles a juzgar a vivos y muertos y de a cada quien lo que corresponda. El criterio nos recuerda San Mateo es muy práctico: “Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino… porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, enfermo y me visitaron…” y a algunos otros les dirá: “Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno… porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, enfermo y encarcelado y no me visitaron… Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Dios nos concede el regalo de vivir y el paso por este mundo es la oportunidad para conquistar el cielo, la vida de Dios. Ojalá podamos comprender que la vida es un don de Dios y que todo lo que somos y tenemos, Él nos lo ha puesto para administrarlos, pues como a todo buen administrador se le confían bienes y está obligado a entregar buenas cuentas, nosotros también estamos llamados a ser buenos administradores de los bienes de Dios. Así es que aprovechemos cada día para construir el Reino de Dios aquí en la tierra y poder participar después de nuestra muerte del Reino celestial.

Ayer meditamos el programa de vida, el sermón de la montaña, que nos lleva a alcanzar la santidad. ¿Quiénes son dichosos para Dios, quiénes verán a Dios? Los que no confían en las riquezas de este mundo y no cierran su corazón a Dios, los que son generosos, los que sufren persecución porque tienen sed y hambre de justicia; los misericordiosos, los de corazón limpio que tienen buenos sentimientos y no dejan enfermar su alma por el pecado. Los que trabajan por la paz y no generan violencia, animosidad y deseos de venganza. La santidad es y debe ser el anhelo más grande para nosotros, llegar a habitar en la casa del Padre celestial es el mayor gozo que nos debe estimular a trabajar diariamente por nuestra propia santificación. Oremos por nuestros fieles difuntos para que Dios les conceda la dicha de participar de su gloria eterna. Y nuestros familiares y amigos que por su buena vida hoy gozan de la presencia de Dios, pidamos su intercesión.  Dios los bendiga. Feliz domingo.

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