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Conoce a Moisés, el hortelano que desafía barreras de la discapacidad

Moisés se planteó el desafío de moldear por primera vez los rábanos.
Foto(s): Mario Jiménez Leyva
Nadia Altamirano Díaz

A su primera participación en la Noche de Rábanos, Moisés Antonio Orozco llega con una recreación del árbol de El Tule, uno de los principales atractivos turísticos de Oaxaca, pero sobre todo, mostrando que es posible derribar las barreras sociales que se imponen a la discapacidad auditiva.

A sus 27 años de edad, Moisés es independiente, tiene un empleo como policía vial y comparte su vida con su esposa Blanca, quien también tiene discapacidad auditiva.

Aunque ambos dejaron el hogar en el que nacieron para tener el propio, desde el jueves pasado, que junto con familiares y amigos cultivaron casi un centenar de rábanos de la variedad bartender, se decidió que trabajarían en el patio de la casa de la mamá y el papá de Moisés, porque hay espacio disponible.

 

A contrarreloj

Salvo una estructura de carrizo que amarraron con mecate de ixtle, Moisés decidió empezar a trabajar hasta este domingo que comenzó a acomodar el musgo que será la base de un árbol.

Con guantes de látex que cubren sus manos y dos estuches con juegos de cuchillas para tallar frutas y verduras, Moisés moldea la idea que desde días atrás tiene en su cabeza.

Donde lo cree necesario, retira la capa roja que cubre la raíz del rábano, hace cortes para destacar la parte blanca y da forma como si trabajara con la madera.

Cuando el corte se requiere más grande, Moisés se ayuda de un cuchillo y una tabla para picar, de madera. Con palillos se ayuda a ensamblar.

Para Moisés, lo más cercano a trabajar con los rábanos es el grabado, con la diferencia de que ahora debe cuidar la fuerza para no desgastar las raíces que cuidó para que salieran completas. Los cortes deben ser precisos y bien calculados.

El trabajo es a contrarreloj; Moisés tiene unas horas antes de que este lunes llegue al zócalo de la Ciudad de Oaxaca a ocupar uno de los espacios asignados para los 130 participantes, entre hortelanos y floricultores.

 

Nombre en lengua de señas

A la primera persona que le dijo que quería participar fue a su hermana mayor, Miriam, quien además de ayudarle a inscribirlo, impulsó que en el estante asignado a Moisés, su nombre esté escrito en lengua de señas mexicana.

“El que no escuche no le genera miedo, pena o que se cohíba ante la gente; Moisés ha participado en infinidad de cosas”, relata con orgullo su madre, Teresa Orozco, quien junto con su esposo Moisés, conoce un mundo que excluye a quienes no oyen desde que intentan tender acceso a un diagnóstico temprano.

 

Serie de barreras

“Es mi segundo hijo y descubrí que tenía problemas de audición cuando usaba ya la andadera, pero en el ISSSTE consideraron que a los 9 meses era difícil diagnosticar la pérdida auditiva”, recuerda Teresa.

Ella misma experimentó con Moisés para comprobar que no podía oír e insistió con las autoridades médicas para que fuera trasladado a la Ciudad de México hasta conseguir un diagnóstico: hipoacusia bilateral profunda.

Saber médicamente qué enfrentaba Moisés, ayudó a la familia, pero también develó una serie de barreras como encontrar una guardería donde él pudiera estar mientras Teresa trabajara como secretaria y después una escuela donde él fuera integrado. 

Esas barreras, Moisés las ha derribado y además de ser policía vial, ha sido farolero con la delegación de las Chinas Oaxaqueñas de Genoveva Medina y en 2022 logró un segundo lugar en el certamen de selección de la imagen oficial de la Guelaguetza.

Junto con las festividades de la Guelaguetza, la Noche de Rábanos es una tradición que maravilla y atrae miles de miradas.

 

El derecho a participar

Este lunes se realiza la edición número 127 y en ésta no existe registro de la participación de alguna persona con discapacidad auditiva, como Moisés, quien pide no ser llamado sordomudo porque equivale a un insulto.

Fueron otros integrantes de la comunidad sorda y compañeros policías quienes animaron a Moisés a participar, por considerar que además de capaz, es valiente.

“A él no le importa si gana o pierde; él lo que quiere es participar porque le gusta”, explica Cinthya, tres años menor que Moisés y quien aprendió lengua de señas mexicana y es profesora de educación especial porque comprobó la exclusión educativa para las personas no oyentes.

Es Cinthya quien le sirve como traductora a Moisés en estos días que ha vuelto de la región de la Cuenca del Papaloapan, donde trabaja como profesora en un Centro de Atención Múltiple.

“Es difícil que sus maestros le enseñen, le hace falta aprender”, detalla Cinthya, quien junto con su familia sabe que para Moisés o su esposa Blanca, la primera barrera es la comunicación.

Y de inmediato, Moisés reflexiona: “si mi mamá se muere, yo debo aprender a comunicarme, aprender más si necesito ir al doctor, falta mucho apoyo”.

En su participación en la Noche de Rábanos, Moisés eligió que la falta de inclusión a las personas con discapacidad auditiva no le pese y quiere que su creatividad gane un espacio para ser recordado.

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