Para derribar los viejos paradigmas de la división de roles de género se necesita voluntad y acciones sencillas, pero concretas como la planteada por el Centro Calpulli, escuela en donde asisten niñas y niños de la periferia y escasos recursos económicos.
Ubicada en Lomas de San Jacinto en la capital de Oaxaca el centro lanzó una iniciativa en la que invita a los padres de familia a involucrarse en la preparación de los alimentos que se ofrecen en el comedor escolar.
Esta acción que busca fomentar la igualdad en las responsabilidades domésticas y educativas, se establece como un proceso de cambio clave para nuevas generaciones, considera Josué Fermín, padre voluntario en la cocina escolar.
“Debería ser una actividad en donde los dos debemos involucrarnos. El trabajo en casa es muy pesado y el trabajo tiene que ser mutuo, debemos involucrarnos en la crianza en todos los aspectos, en el lavado de trastes, de ropa, así como en el rol de la cocina”, expresa Josué.
Él es padre de una alumna de preescolar, el pasado viernes se unió a esta causa cocinando el almuerzo para los 45 estudiantes del centro junto a su esposa. A sus 23 años, Josué ha adoptado una rutina que involucra preparar alimentos nutritivos para su familia, como hotcakes de avena y plátano para el desayuno, y el espagueti de cuatro quesos, favorito de su hija.
Un estereotipo de género es una idea que la gente tiene sobre cómo deben ser o actuar las mujeres y los hombres.
Estos estereotipos son dañinos cuando impiden que las personas puedan desarrollarse, avanzar en su trabajo o tomar decisiones importantes sobre sus propias vidas.
Felipe Sánchez Rodríguez integrante de Calpulli explicó que la iniciativa surgió a partir de que la tía Edu, quien es la encargada de preparar los alimentos diarios de las y los estudiantes, tuvo que ausentarse por una operación en el ojo. Por tal motivo en la reunión de madres y padres de familia se hizo la invitación y fue el señor Josué el primer voluntario en la labor.
A pesar de que las mujeres aún asumen la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado (73%), la participación de los hombres en estas labores ha aumentado de manera constante en los últimos 18 años, alcanzando un 27%. Entre 2003 y 2021, este incremento fue de siete puntos porcentuales. Este avance es un paso positivo hacia una distribución más equitativa de estas actividades, aunque persisten importantes áreas de mejora en la corresponsabilidad dentro de los hogares.
