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Ciudad de Oaxaca, urbe viva y vibrante: catedrático de Catholic University

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

A pesar de que la ciudad de Oaxaca cuenta con innumerables edificios históricos es una urbe viva, vibrante, en la que sus habitantes viven y trabajan dentro de ella, no es un Centro Histórico fantasma, separado de la vida cotidiana de quienes lo habitan, reconoce el arquitecto guatemalteco y catedrático de Arquitectura en la Universidad Católica de Washington D.C., Estados Unidos, Rodrigo Bollat Montenegro.

De visita en la ciudad para impartir con otros catedráticos un curso de verano a 24 estudiantes, como parte de las actividades de la Red Internacional de Edificación, Arquitectura y Urbanismo Tradicionales (INTBAU), señala que, como guatemalteco, para él Oaxaca tiene un sabor muy familiar en el legado arquitectónico, porque compartimos mucha historia, cultural arquitectónica, “pero lo que más me llamó la atención es que aquí se ha preservado bastante bien toda la arquitectura colonial”. 

“El ejemplo que yo tengo muy presente es el de Antigua Guatemala, que es una ciudad colonial contemporánea con la ciudad de Oaxaca, que en 1776 se abandona y se funda una nueva ciudad, entonces Antigua Guatemala quedó congelada en el tiempo y el contraste con Oaxaca, es que está ciudad vivió en el tiempo, siguió siendo habitada, siguió siendo importante, entonces se ve cómo esta mezcla de arquitectura colonial, está bien preservada y forman un entorno urbano bello”.

Después de comentar que en el curso participan estudiantes de México, Guatemala, Panamá y Estados Unidos que estudian la arquitectura y urbanismo de Oaxaca y su historia, mismo que culmina con un proyecto de diseño urbano en el barrio del Ex Marquesado para que la ciudad pueda comprender cómo un urbanismo tradicional puede informar sobre un potencial desarrollo nuevo, comenta de las cosas que más me han gustado en Oaxaca es el Templo de Santo Domingo de Guzmán, “porque uno entra y se queda completamente anonadado de la belleza de los detalles y el color de la cantera, porque este tipo de piedra no la había visto, supongo que es una piedra local, porque la arquitectura toma esa identidad propia con el material que solo aquí se puede ver; la cantera le da una personalidad muy distintiva a la ciudad con un color cálido y vivo”.

Añade que, además, en el caso del templo de Santo Domingo se puede ver parte importante del conjunto arquitectónico, con el convento y parte del huerto, lo que no conserva la Nueva Guatemala y es difícil darse cuenta cómo fue el complejo completo.

 “Aquí todavía se siente la majestuosidad que tenía el convento como tal y el aporte que le da al espacio urbano”.

“Pero hay más, cuando llegamos a Santo Domingo de Guzmán en la explanada había una especie de baile con unos gigantes (una calenda) justo frente al tempo y fue una cosa tan linda, porque esa arquitectura tradicional lleva siglos aquí con una expresión cultural tan viva del pueblo oaxaqueño, eso es lo que a uno le da esta ciudad, un legado arquitectónico lindo y el legado cultural tan vibrante, yo lo logré ver uno justo junto al otro y me pareció espectacular”.

Destaca la importancia de preservar la arquitectura tradicional, pero no separada de la vida cotidiana de sus habitantes.

 “A veces sucede que los centros históricos se vuelven como pueblos fantasmas, por ejemplo, que uno va por el día y hay actividad y por la noche están completamente muertos; está fue mi experiencia cuando conocí Venecia porque durante el día había turistas por todos lados y se veía completamente vida, pero me quedé ahí en la noche y no había ni un alma”.

Agrega que mientras aquí, en la noche hay una gran actividad.

“Había gente bailando en la plaza, restaurantes, terrazas con música, etcétera. Entonces esta vida de día y de noche los que la producen son las personas que viven y trabajan dentro de la ciudad, ese uso mixto, eso de no separar que todas las viviendas estén por un lado y todos los comercios por otro y todas las oficinas por otro, porque entonces siempre va a haber un pueblo fantasma en ciertas horas del día, mientras el uso mixto dentro de una ciudad compacta, que es lo que nosotros promovemos, como en Oaxaca, se tienen vivienda, hoteles, oficinas, restaurantes, instituciones, templos religiosos, y esto lo que hace es generar vida urbana y es lo que vemos en las calles, es lo que impacta de la ciudad”.

Bollat Montenegro manifiesta que es por esta razón que de la Red Internacional de Edificación, Arquitectura y Urbanismo Tradicionales no solo promueve la arquitectura tradicional y la preservación de las formas constructivas tradicionales, sino también impulsa la Ciudad de los 15 Minutos, en donde uno puede caminar, en donde la ciudad respeta realmente al peatón, por ejemplo, y donde la escala de ciudad es más humana, es decir, que no es de rascacielos, sino que son edificios que responden a la calidez humana. 

“La visión de INTBAU es que cada edificio y lugar se haga con conciencia, aprovechando y desarrollando el conocimiento y las técnicas tradicionales para defender el derecho de todos a un lugar donde vivir que sea resiliente, adaptable, hermoso y que apoye la identidad local”.   

Precisa que los edificios son como seres vivientes y requieren reparaciones, cuidados, y hay que darles mantenimiento, por eso el diálogo debe existir entre los dueños de los bienes inmuebles y las autoridades locales, para que las intervenciones se hagan de forma respetuosa.

 “Ese dialogo siempre debe de existir y a nosotros como organización lo que nos interesa es promover cómo por qué estas estructuras son importantes. No se deben generar ciudades museos, que son lindas, pero son museos, lo que nosotros queremos son ciudades vivas”.

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