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Cafetaleras, la fuerza que impulsa el campo oaxaqueño

Foto(s): Citlalli López Velázquez
Citlalli López Velázquez

Las mujeres son, en gran medida, la fuerza que impulsa al campo en Oaxaca. Desde la industria del café, se han convertido en las guardianas de saberes que hacen de cada taza una bebida de alta calidad y de profundo arraigo comunitario. Aunque desde siempre han estado ahí, en las parcelas, en la cosecha y en el beneficio del grano, fue apenas hace unos años que muchas comenzaron a tomar el control del proceso y a escribir su propia historia como productoras.

Micaela García Luis es una de ellas. Originaria de la comunidad El Aguacate, en San Agustín Loxicha, es productora de café de especialidad bajo la marca Lo Wis, con un grano tipo geisha que ha alcanzado los 89.26 puntos en evaluación de calidad. “Mi abuelo era productor, pero ya no puede trabajar en la parcela, así que mi familia y yo nos hacemos cargo”, cuenta con orgullo mientras muestra su producto en la Convención de Café Oaxaqueño, evento que reunió a más de cien cafetaleros con cafés de alta calificación.

Con apoyo técnico y comunitario, Micaela ha transformado una historia de venta a intermediarios -los llamados coyotes- en una propuesta de autonomía y valor agregado. “Antes vendíamos café en pergamino, sin saber realmente lo que valía. Ahora, con apoyo técnico, aprendimos a identificar las variedades, a procesarlo con calidad, a secarlo en secador solar y a comercializarlo con marca propia”, explica. Su trabajo en la parcela, junto a su madre, su hermano y su abuelo, abarca desde el corte selectivo hasta el procesamiento con abonos orgánicos y prácticas agroecológicas.

Martina Inés Almaraz, también del municipio de San Agustín Loxicha, creadora de la marca Reliquia Siche. “Yo trabajo el café desde niña. Aunque antes lo vendía a granel o en bolsitas, fue gracias al acompañamiento de Bienestar y de Sikanda que aprendimos a empacar, etiquetar y comercializarlo como producto terminado”, comparte.

Martina recuerda que en el pasado los llamados coyotes llegaban a comprar el grano a bajo precio. “Lo vendíamos como venía, sin saber bien cómo procesarlo. Pero ahora sabemos que tiene un valor y ya no dejamos que otros se lleven lo que nos corresponde”, dice. Aunque su café obtuvo 76 puntos en la muestra enviada a la Convención de Café Oaxaqueño, su satisfacción está en saber que es su propio producto, trabajado por sus manos y las de su familia. “Es una fuente de ingreso que nos ha dado para la alimentación, la educación de nuestros hijos y una mejor vida, poco a poco, pero segura”.

Como ellas, otras mujeres participan del proyecto “Somos cafetaleras”, impulsado por Solidaridad Internacional Kanda (Sikanda). El programa acompaña a 150 caficultoras y caficultores de comunidades de la Mixteca y la Sierra Sur como Pluma Hidalgo, San Agustín Loxicha, San Mateo Piñas, Santiago Nuyoo y Santa María Yucuhiti. De este universo, el 80% son mujeres.

“El proyecto tiene dos componentes clave”, explica Viridiana Bautista García, asistente operativa del programa. “Uno está orientado al fortalecimiento de técnicas sustentables para la producción y el otro al desarrollo de habilidades para la venta y comercialización. Lo hacemos a través de la metodología MAVE: Mujeres Accionando, Vinculando y Emprendiendo”.

Este enfoque apunta a fortalecer la autonomía económica de las mujeres, brindarles herramientas para romper con el coyotaje y que puedan vincularse directamente con el mercado. “Es mucho esfuerzo durante meses para que al final lleguen intermediarios a pagar precios muy bajos. Con este acompañamiento buscamos que se reconozca el valor del café desde la parcela hasta la taza y que ese valor se refleje en el bienestar de sus familias”, apunta Viridiana.

Para Micaela, el café representa el sustento familiar, pero también un motivo de orgullo. “Es mucho trabajo. Hago labores domésticas y me doy tiempo para trabajar mi parcela. Pero vale la pena. Me siento satisfecha cuando veo el resultado y la gente prueba mi café”.

Además del reto económico, las mujeres cafetaleras enfrentan desafíos de género. “Antes no se permitía que las mujeres trabajaran en el campo. Decían que solo debíamos dedicarnos a las labores domésticas. Pero eso ha cambiado. Ahora como mujeres también tenemos el derecho de trabajar la tierra”, reflexiona Micaela.

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