No sólo son sus calles empedradas y coloridos murales lo que hacen de Jalatlaco un barrio mágico distinguido así en marzo de 2023. Su verdadero encanto radica en la cultura viva que se manifiesta, con intensidad y devoción, durante la Semana Santa, cuando el barrio entero se viste de fe.
Adornado con listones morados y blancos en señal de solemnidad religiosa, este rincón de la ciudad de Oaxaca de Juárez honra año con año su herencia católica con la representación del Viacrucis y la Procesión del Silencio, donde la espiritualidad se hace comunidad.
Preparación para Semana Santa
Aunque para el ojo visitante pueda parecer sencillo, detrás de cada acto hay una preparación que inicia semanas antes. Ensayos, organización de cofradías, confección de vestimentas, selección de cargadores y elaboración de altares, todo se articula con precisión para rendir homenaje a una tradición.
Uno de los momentos más emotivos ocurre el Viernes Santo por la mañana, cuando se realiza el Encuentro, es decir, la cuarta estación del Viacrucis en la que Jesús se encuentra con María. Las procesiones van marcadas por el golpe rítmico de un tambor. Este acto tiene lugar justo frente al templo y es considerado el corazón de la Semana Santa.
Ensayo
“Hoy estamos ensayando con las chicas que cargarán a la Virgen Dolorosa ese día. Han estado practicando desde hace veinte días. Empezaron con peso simulado y ahora lo hacen con la imagen misma, siempre con respeto”, explica Arnel Cruz Salazar, presidente de la Cofradía del Señor de Tepeaca.
Preservar las tradiciones
La cofradía nació como una forma de custodiar las imágenes y asegurar la continuidad de las tradiciones. Hoy, además de organizar el Viacrucis, coordina la festividad del Señor de Tepeaca en mayo. Los cofrades visten una túnica con cinto de piel —en recuerdo de que Jalatlaco fue barrio de curtidores— y una capa con el escudo de la cofradía, que integra símbolos del barrio. El capirote cónico, tradicional, simboliza la penitencia.
Uno de los logros recientes de esta comunidad ha sido la integración de las juventudes en estos rituales. Tal es el caso del grupo Esperanza de María, conformado por siete adolescentes de entre 14 y 19 años que cargan a la Virgen Dolorosa. Su participación no es sólo simbólica; ellas ensayan, se organizan por estatura, aprenden la secuencia y entienden el significado profundo de cada paso.
María José García Robles, de 18 años, es una de las fundadoras del grupo. “Desde muy pequeña quise cargar a la Virgen. Me uní a la cofradía y propuse que las niñas del barrio también pudiéramos hacerlo. Al principio éramos sólo cuatro, cargando a la Virgen de la Magdalena. Luego, con más fuerza, pasamos a la Dolorosa, que requiere más personas”.
Karla, también de 19 años, fue invitada por una amiga. “Al principio dudé. Se necesita mucha fe para aguantar el camino. No es un simple recorrido: cada oración te hace reflexionar. Al final te queda una sensación de paz, como si entregaras fuerza y espíritu”.
Servicio a Dios
Detrás de este movimiento femenino está Rosario Martínez Tamayo, de 74 años, coordinadora de Esperanza de María. Fue ella quien impulsó la participación juvenil como una forma de mantener vivas las tradiciones. “Mi motivación es el servicio a Dios, como agradecimiento por el don de la vida. Desde pequeña mis padres me inculcaron la fe. Esto me llena de felicidad”.
¿A qué hora y cuándo?
La logística del Viernes Santo es precisa. A las 7 de la mañana, dos procesiones parten de puntos distintos: una lleva a Jesús, la otra a la Virgen. Ambas se encuentran frente al templo, en la cuarta estación. En ese momento, las imágenes se inclinan una hacia la otra, en un acto solemne que es ensayado meticulosamente.
Ese instante se realza teniendo como escenario un tapete de pedrería, una obra efímera que plasma figuras florales. La familia Castro, fue la donante de esta pieza como una muestra más del compromiso y amor por la tradición.
Por la tarde, a las 6:30, se realiza la Procesión del Silencio, que lleva al Santo Entierro, la cruz y a la Virgen hasta la casa de los padrinos.
Este año, por primera vez, habrá dos tambores: uno para acompañar a la imagen del Señor de Tepeaca y otro para guiar el paso de las chicas. “Es un elemento que refuerza el sentido solemne y rítmico de esta tradición”, comparte Arnel.
Regreso de las imágenes al templo
El sábado inicia con el regreso de las imágenes al templo desde la casa de la familia Sánchez. A las 10 se realiza el pésame a la Virgen, y por la noche, a las 8, la misa del Gloria celebra la Resurrección. El domingo, la procesión final y la misa de las 10:00 horas cierran la Semana Santa en Jalatlaco.
La participación comunitaria es notable. Vecinos, visitantes y turistas se congregan para compartir la fe. Después del Encuentro, muchas familias desayunan juntas y los puestos de comida tradicional.
“Es una celebración que une generaciones. Todos están invitados a conocer nuestras tradiciones, que siguen vivas y fuertes. Vengan al barrio de Jalatlaco, donde la fe y la comunidad se viven con el corazón”, apunta Arnel.
