En muchas colonias de Oaxaca de Juárez, el agua potable dejó de ser un servicio cotidiano para convertirse en un acontecimiento. Para miles de familias, abrir la llave no garantiza que el líquido esté ahí. El suministro depende de tandeos, calendarios inciertos y de la capacidad de cada hogar para almacenar lo que logre captar cuando finalmente llega.
En distintos sectores de la ciudad, el intervalo entre un suministro y otro puede extenderse entre 20 y 30 días, mientras que en algunas colonias los periodos de espera pueden alcanzar 40 o incluso hasta 50 días. Cuando el agua aparece en la red, suele hacerlo por unas cuantas horas. Ese breve lapso obliga a llenar tinacos, cisternas y cualquier recipiente disponible para poder enfrentar semanas enteras sin servicio.
Detrás de esta rutina se encuentra un problema estructural. Una ciudad del tamaño de la capital oaxaqueña requiere alrededor de 1,100 litros de agua por segundo para cubrir de forma regular la demanda de su población. Sin embargo, durante distintos periodos el sistema ha operado con volúmenes muy por debajo de esa cifra. Incluso con algunos incrementos recientes en la captación, el suministro continúa lejos de garantizar un servicio continuo.
Las consecuencias son visibles en la vida cotidiana. Para muchas familias, la única alternativa cuando el tandeo tarda demasiado es comprar agua mediante pipas privadas. El costo de estos servicios puede oscilar entre 1,500 y más de 2,000 pesos por carga, dependiendo del volumen y la zona de la ciudad. En la práctica, esto significa que miles de hogares deben destinar parte de su ingreso a pagar por un recurso que debería estar garantizado por el servicio público.
A este escenario se suma el desgaste de la infraestructura hidráulica. Gran parte de la red de distribución tiene décadas de antigüedad, lo que provoca fugas, pérdidas de presión y dificultades para llevar el agua de manera eficiente a todas las zonas de la ciudad. En un sistema que ya opera con déficit, cada litro que se pierde en la red agrava el problema.
La operación del abastecimiento recae en el Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Soapa), organismo responsable de la distribución en la capital y parte de la zona metropolitana. Durante años se han anunciado diversas acciones para enfrentar la escasez: rehabilitación de pozos, nuevas perforaciones, mantenimiento en la red y ajustes en los esquemas de distribución.
Sin embargo, la realidad cotidiana en muchas colonias sugiere que esas estrategias no han logrado resolver el problema de fondo. A pesar de los anuncios y programas, el servicio continúa siendo irregular y dependiente de tandeos prolongados. El aumento ocasional en el volumen disponible no ha sido suficiente para transformar el sistema en uno que garantice agua de manera constante.
La situación se vuelve aún más compleja durante la temporada de estiaje. Con menor disponibilidad en las fuentes de captación, los intervalos de distribución tienden a alargarse y las quejas vecinales vuelven a multiplicarse. El ciclo se repite cada año: semanas de espera, horas de suministro y la incertidumbre de no saber cuándo volverá a llegar el agua.
El problema del agua en Oaxaca no es una crisis repentina, sino el resultado de décadas de rezago en infraestructura, planeación insuficiente y respuestas que han tendido a ser temporales. Mientras no se cierre la brecha entre la demanda real de la ciudad y la capacidad del sistema para abastecerla, el tandeo seguirá siendo la regla.
Y para miles de habitantes de la capital, la vida cotidiana continuará organizada alrededor de una pregunta tan simple como inquietante: ¿cuándo volverá a salir agua de la llave?
