“¿Le puede hablar al licenciado Manuel?”, es la petición de una persona privada de su libertad y que desde las diez de la mañana esperaba una audiencia y seis horas después no lo habían atendido en el juzgado quinto en materia penal.
Eran a las 15 horas y la persona privada de su libertad dijo que desde las diez de la mañana esperaba porque iban a realizar una diligencia, pero el personal del juzgado se presentó unos minutos y desapareció.
A su lado, otra persona también con su oficio en mano esperaba ser atendido.
El reportero decide llevar el oficio a la oficina del juzgado quinto penal, pero el licenciado Manuel no se encontraba.
Al fondo, en su cubículo, el juez quinto penal, Renato Aurelio, ni se inmuto y tampoco acudió a la rejilla de prácticas.
A las 15:15 horas, el juez acudió a los sanitarios, se asomó a la rejilla y regresó a su lugar.
En otro locutorio, una pareja de abogados esperaba a su cliente H.A.C., porque tendría una diligencia.
“No lo tenemos registrado entre las personas salen a diligencia”, respondió un custodio.
El abogado acudió al juzgado y donde le dijeron que “no se habìa agendado su diligencia con la persona que defiende”.
Molesto, se retiró del locutorio, ya que tenìa entendido que se iba a realizar una diligencia para agilizar el proceso que se sigue en contra de la persona, a quien identificó como Castillo.
Ahí, en la rejilla pidió el favor a otro interno que le comunicara a su cliente que se encuentra pendiente del proceso, pero que en el juzgado quinto penal las diligencias se han retrasado.
A las 15:50 horas, el licenciado Manuel apareció, acudió a hablar con la persona privada de su libertad y regresó. Unos minutos después se presentó la agente del Ministerio Público para la diligencia, en tanto el defensor llegó más tarde. En la audiencia no estuvo presente el juez y sólo el licenciado Manuel.
