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El enemigo invisible: infartos fulminantes en la capital

Ilustración conceptual de un corazón para representar el alarmante aumento de muertes por infartos fulminantes que se registra en la capital.
Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

En Oaxaca, la muerte suele aparecer sin aviso y, con frecuencia, en medio del ruido cotidiano: en una parada de camiones, afuera de un mercado, en una avenida atestada o sobre una banqueta cualquiera. No llega con estruendo, llega con un desplome. Un cuerpo que cae, un silencio breve entre el tráfico, y luego la misma escena repetida: curiosos formando un círculo, alguien gritando que llamen a una ambulancia, y el reloj corriendo en contra. En esta ciudad donde la vida se mueve a prisa, el corazón se ha convertido en el enemigo más común y menos visible. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en Oaxaca, representando cerca de uno de cada cuatro decesos, de acuerdo con estadísticas nacionales del INEGI y reportes de la Secretaría de Salud.

Los números son fríos, pero el fenómeno es brutalmente urbano. En años recientes, los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) han señalado un promedio cercano a 3 mil defunciones anuales relacionadas con padecimientos del corazón, cifra que incluso ha mostrado incrementos en ciertos periodos. Sin embargo, la estadística no alcanza a medir el impacto real en las calles: no existe un registro público desagregado que indique cuántos paros cardiacos ocurren exactamente en la vía pública. Lo que sí existe es la evidencia constante en reportes de emergencia y notas periodísticas que, casi a diario, documentan muertes súbitas en espacios donde la ciudad no se detiene… hasta que alguien cae.

Apenas este lunes 16 de febrero de 2026, un hombre de edad avanzada se desplomó en inmediaciones del Módulo Azul, en la zona de Infonavit Primero de Mayo, al norte de la capital. La escena se repitió como en tantas otras ocasiones: transeúntes que intentaron auxiliarlo, el llamado desesperado al 911, la llegada de elementos policiacos para acordonar el área y, finalmente, la confirmación preliminar de un paro cardiaco fulminante. El cuerpo quedó tendido en una zona de paso, en un punto donde a diario circulan trabajadores, estudiantes y comerciantes. El tránsito siguió, pero la ciudad, por unos minutos, pareció contener el aliento.

El caso del Módulo Azul no es aislado. En enero de 2026, otro hombre murió repentinamente en la Central de Abasto, el corazón comercial de Oaxaca, un laberinto de pasillos, vendedores y camiones donde la ayuda médica no siempre logra abrirse paso. Ahí, la tardanza de los servicios de emergencia suele ser agravada por el caos vial y la saturación cotidiana, según han narrado reportes difundidos por medios regionales. En ese lugar, donde la gente compra fruta, carne o tortillas para el día, también se han documentado muertes súbitas que ocurren sin advertencia: alguien se lleva la mano al pecho, intenta sostenerse de un puesto, y cae.

Días después, también en enero, la muerte apareció sobre avenida El Rosario. Un adulto mayor sufrió un infarto mientras conducía, perdió el control del vehículo y terminó impactando contra una unidad de servicios. El golpe fue menor, pero la tragedia ya estaba consumada: el conductor había fallecido antes del choque. El hecho fue reportado por la prensa local como otro recordatorio de que en Oaxaca el corazón no solo mata en hospitales o casas, también lo hace en movimiento, en pleno tráfico, mientras la vida diaria transcurre con aparente normalidad.

La lista se extiende hacia atrás. En abril de 2025, dos personas murieron por paro cardiaco el mismo día en distintos puntos del estado: una en el Centro Histórico de Oaxaca de Juárez y otra en San Pedro Chicozapotes. Los casos ocurrieron con pocas horas de diferencia y fueron documentados por medios locales como parte de una tendencia que ya no sorprende, pero que sí inquieta: los paros cardiacos en la vía pública aparecen como episodios recurrentes en una entidad donde las enfermedades crónicas avanzan sin control.

Y aunque el debate suele centrarse en accidentes viales, violencia o inseguridad, las cifras muestran un enemigo mucho más persistente. Mientras en 2025 se registraron 542 muertes por accidentes de tránsito en Oaxaca, según reportes periodísticos basados en recuentos oficiales, las enfermedades del corazón se mantienen en miles, liderando las causas de defunción. Es decir: la muerte no siempre llega por choque o bala; muchas veces llega por desgaste, por hipertensión ignorada, por diabetes sin tratamiento, por un cuerpo que aguanta hasta que deja de hacerlo.

En Oaxaca, donde la hipertensión, la diabetes y la falta de atención preventiva avanzan como una epidemia silenciosa —según estadísticas del INEGI y reportes de salud pública estatal— el corazón se ha convertido en una bomba de tiempo. Puede estallar en casa, en el trabajo o en la calle.

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