Hechos por manos oaxaqueñas, los peluches tradicionales cargan en cada hebra la historia, la identidad y el alma de quienes los crean. No son simples juguetes: son piezas únicas que hablan de cultura, herencia y creatividad. Ya sean elaborados en lana, manta o telar, cada uno de estos muñecos representa un tesoro textil que protege las raíces ancestrales del estado.
Detrás de cada creación está la historia de una familia que, con esfuerzo y amor, mantiene viva una tradición. En San Sebastián Río Hondo, Felipe Ramírez y su familia elaboran peluches de lana natural. En su taller artesanal, llamado Artesanía de Lana de Borrego El Buen Pastor, trabajan hasta diez personas, entre abuelos, hijos y nietos. Lo que allí se produce es más que artesanía: es legado.
Lana, paciencia y herencia
El proceso de elaboración inicia desde que se trasquila al borrego, se carda, se hila con el malacate y se lava con amole, cuenta Felipe, mientras muestra una de las piezas. Si se desea dar color, se tiñe el hilo y se trabaja en telar para crear cobijas, rebozos, gabanes o peluches con formas de animalitos. Todo toma tiempo y dedicación. “Es mucha paciencia y mucho el trabajo que se requiere. Como el borrego es muy oloroso, hay que lavar muy bien”, explica.
En cada nudo hecho con el gancho va la memoria de sus antepasados. “Nuestros padres nos enseñaron este trabajo desde hace mucho. Lo vimos, lo vivimos, y lo heredamos. Así también ahora mis hijas y nietos lo continúan. Mis nietos ya saben hacer lo que nosotros hacemos. Las piezas que ves aquí son de ellos, yo solo las vendo”, dice con orgullo.
El taller participa en ferias artesanales cuatro veces al año: octubre, diciembre, julio (durante la Guelaguetza) y Semana Santa. Aunque esta última no fue tan fuerte en ventas, dice Felipe que siguen adelante. “Nos da ánimo que nos visiten, que nos compren, porque así seguimos avanzando”.
Telarines: historias en telar
En otro rincón de Oaxaca, Mari Carmen Luna le da vida a los Telarines, pequeñas figuras tejidas en telar que mezclan tradición textil y creatividad contemporánea. Su historia comienza con sus abuelos, quienes fueron pioneros en los textiles artesanales. “Ellos empezaron haciendo colchas y manteles. Incluso vistieron los hoteles de Huatulco cuando estaban en construcción”, recuerda Mari Carmen.
El proyecto de los Telarines nació de la inquietud por experimentar con el telar más allá de las prendas tradicionales. “Ya habíamos hecho ropa y bolsas. Luego empezamos a crear animalitos como búhos, gotitas de agua, ratas de campo. Con el tiempo, decidimos darles un enfoque más definido a las colecciones, cada una con una historia”.
Esa historia se construye desde la investigación, la inspiración y el arraigo. “No nos lo inventamos de la nada. Leímos, aprendimos, buscamos. Y eso lo transformamos en piezas que representan nuestra identidad”.
Uno de los productos más llamativos son las muñecas, concebidas como juguetes populares oaxaqueños. Su elaboración es minuciosa: desde la cenefa en miniatura, hasta el rostro pintado a mano y las trenzas hechas según la vestimenta representada. “Por ejemplo, la mujer costeña lleva su cabello chino; la china oaxaqueña, su rebozo y paliacate. Todo eso lo plasmamos en cada pieza”.
Calidad y resistencia
La evolución del proyecto ha sido constante. “Si ves nuestra página de Facebook, notarás cómo han cambiado nuestras piezas. Ahora las sometemos a control de calidad: las lavamos, estiramos, jalamos, todo para garantizar que resistan. La tela de telar es muy duradera, y nuestros productos están hechos para durar. Como los huipiles, que pueden heredarse”.
El sello de calidad se refuerza con el distintivo que portan y con los espacios que, a veces, les ofrece el andador turístico de Oaxaca para exponer su trabajo. “Todo lo hacemos con nuestras manos y con el corazón. Lo hecho en Oaxaca, está bien hecho”, afirma Mari Carmen.
Las Comadres de Tlahuitoltepec
En la Sierra Mixe, otra mujer preserva la identidad desde las muñecas: Irene Martínez Gómez. Las suyas se llaman Las Comadres, y están vestidas con todos los elementos tradicionales de las mujeres de Tlahuitoltepec.
“Sí, sí se venden. A veces las compran como recuerdo, otras veces para colección de muñecas. Antes no se conocían mucho, pero ahora ya las reconocen porque se ha difundido más lo que es nuestra vestimenta”, cuenta Irene.
Cada muñeca es elaborada completamente a mano. Cada una requiere de un trabajo de cuatro a cinco días. “Todo va por piezas: la camisita, la falda, las trenzas. Incluso la carita viene bordada, no pintada”, detalla.
La intención de estas muñecas es clara: que la vestimenta de Tlahuitoltepec no se extinga. “Es para que se conserve y se valore. Para que la gente conozca cómo es nuestra ropa y sepa lo que representa”.
Las Comadres pueden encontrarse en el taller familiar Textiles en Tlahuitoltepec o a través de redes sociales.
