En el cine, así como en la sociedad, hay un factor peligroso: la voracidad.
Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón coinciden en citarla como uno de los riesgos dentro del proceso creativo de un cineasta y en el mundo global.
Durante la charla virtual "Monstruos y Silencios. Narrativas para un Siglo Turbulento", organizada por Grupo Solidario Ubuntu A. C. y la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG), Del Toro consideró que uno de los problemas de la narrativa fílmica es la infantilización de lo que un espectador puede digerir, con la destrucción de la historia y la pluralidad. Y precisamente eso deriva en una gran voracidad. Así se replica en el mundo, donde se destruye y avasalla sin necesidad.
"Hay capitales individuales que no tienen sentido, a nivel de proporción. En una vida que dura 80 o 100 años es inconmensurable la voracidad. Y estamos destruyendo y avasallando cosas básicas, que sostienen la vida en el planeta. Es un momento de terror", comentó Del Toro.
El director de La Forma del Agua consideró que eso está llevando a otro problema: la devastación. Y esto también ha generado tiempos de división, donde surgen diferencias por cualquier motivo.
Cuarón refirió que dichas divisiones pueden ser consideradas artificiales y superficiales, donde se toman símbolos y narrativas endebles. Y ahora las divisiones y la voracidad ya no existen a nivel cultura o país, sino en el plano individual.
"(La voracidad del poder) Está relacionada al poder económico, eso siempre ha existido en la historia, pero antes existía al nivel de culturas o países, de civilizaciones. Ahora es a nivel individual y eso lo hace más terrorífico todavía".
En cuanto al panorama de la creación fílmica y su proceso creativo, Cuarón explicó que las limitantes que se impone antes de emprender cada proyecto pueden ser liberadoras, obligándolo a pensar fuera de la caja y a ser más original.
Sobre esto, Del Toro añadió que cuando se alcanzan las metas y no hay ganas de más pero se sigue haciendo sin mayor creatividad o búsqueda, se incurre en la voracidad.
"Conozco los dos impulsos, y la diferencia es que el hambre lo puedes nombrar; la voracidad es una compulsión: siempre que llegamos a un punto, el que sea, (Cuarón y yo) decimos '¿ahora qué?', nos preguntamos. Sí hay esa pregunta, '¿qué hacemos que sea diferente?'. No repetimos lo mismo. Cada vez que llegamos a un espacio nos ofrecen un montón de las mismas cosas, franquicias, superhéroes, y las hablamos y resistimos, y decimos '¿qué es lo que no está para nosotros?'", dijo.
Añadió que, para él, la única posibilidad de esperanza radica en los ciudadanos, ya no en figuras del gobierno. Ahora serán las iniciativas fuera del ámbito gubernamental las que tendrán el peso de romper los silencios, que aluden a la obra de Cuarón, y evidenciar a los monstruos, en cuanto al legado del tapatío.
