Niño de la papaya, debes saber
que la fruta al desenvolver
no será más el medio para volvernos a leer;
pero es parte de crecer
y yo he crecido gracias a tí
y tú has imaginado gracias a mí.
De eso va la vida, sabrás aprender
de despedirse sabiendo agradecer.
Antonio Pacheco Zárate
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Esta mañana trajo un viento nuevo. Me agitó la cabellera, las manos me temblaron y me descubrí mirando al sur. Sé que es el sur donde los sueños crecen, se estacionan; pues yo miré hacia allá con la esperanza viva de que los míos salieran del encierro donde llevaban años agazapados entre ideas y letras viejas. Me despedí del reino de lo cómodo, del ya saber qué hacer, del modo fácil; me dispuse a navegar con este viento nuevo. Levanté mi brazo para decir adiós a mi solar habitual. Agradecida por las nubes que me trajeron hasta aquí, dije adiós y recompuse mi figura; levanté la frente, entorné la mirada ante la nueva luz de la oportunidad de escribir nuevas historias que puedan hacerte sonreír, llorar, temblar, sólo para tí, lector.
Gayne Rodríguez Guzmán
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Hojeó el periódico con la misma curiosidad y nerviosismo de hacía dos años. Una vez más no había despedidas. No encontró, tampoco, más, aquellas historias, aquellas tramas que utilizó para alimentar su imaginación, para formarlo. De las que extrajo las virtudes, con las que amalgamó sus antojos y fantasías y creó a su príncipe con lo mundano y lo celestial. No esperó más, lo bautizó, se tomaron de las manos, sonrieron y caminaron juntos para siempre, sin la sustancia de un cuento de despedida.
Ernesto Toledo Grapain
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Hoy le dije a mi abuela que los meses pasan rápido. Ella respondió que no, que los meses no más ahí están, dando vueltas en un mismo lugar, que somos nosotros los que pasamos, que vamos en picada hacia nuestro destino. Que las horas, días, meses, se agotan rápido y condensan en lo que llamamos vida.
Esa vida que se agobia por los finales, felices, insatisfactorios, abiertos o tristes, pero que desemboca al inevitable punto final de nuestra existencia.
Así como en Oaxaca, el frío de la última semana de octubre anuncia la llegada de los muertos. Estas letras son el epitafio de una existencia: la de nuestros cuentos.
En el camino recorrido quedan muchas letras. Palabras silenciosas que se dotaron de voz cuando tú, sí, tú, lectora y lector que a través de una pantalla o un papel impreso leíste un texto de nuestra creación.
Los meses están ahí, nos ven pasar en la estela del tiempo, tratando de no perder la carrera de nuestro destino.
Así de perpetuas ya son las letras del Colectivo Cuenteros, se quedan ahí, en espera de renacer en la voz de nuestros apreciables lectoras y lectores.
Liana Pacheco
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Es preciso que la centelleante luz de la superluna se torne diminuta y dé paso a la oscuridad para que podamos apreciar la brillantez de las estrellas esparcidas en la bóveda celeste.
Los procesos creativos también respiran el olor dulce y melancólico del principio y el fin que se tocan en un hilo perpetuo.
No importa cuánta emoción depositemos en ellos, cuánta gente intercambia con nosotros sus sensaciones o sus ideas, cuántas letras se desborden de nuestros cuadernos cerebrales.
Al final, hay un costo. Algo debe marchitarse para renacer.
Hasta siempre, cuenteros.
Se trata de escribir, en este medio, en otro continente, o en cualquier planeta.
Ainda
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Despedirse es gran dolor,
pero no dolerá para siempre;
en los cuentos permanece el calor
de los productos de nuestra mente.
La vida condensada en historias
y codificada en las letras
nuestras derrotas y victorias
entre las realidades siniestras.
Como los muertos se van volando,
pero vuelven en un recuerdo;
nosotros estamos cerrando
para regresar otra vez: de acuerdo.
Guillermo Veronesi
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A tiempo amar
y desatarse
a tiempo.
Gracias por
las lecturas
y los textos.
Hasta siempre
Lectores y no lectores.
Zagreo Yaco
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Ya había aprendido a cómo cultivar la amistad de una forma maravillosa. Ser tu amigo, para mí, era que me leyeras cada semana, ser parte de tu familia y tú ser parte de la familia “Colectivo Cuenteros”. Las despedidas solo significan: "te echaré de menos hasta que nos reencontremos -en la próxima lectura aquí o en nuestra página web-”.
Ruth Pacheco
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Es más que necesario el dejarte ir, liberarme de la idea de continuar a tu lado. Ha sido un gran camino y me siento lo suficientemente fuerte como para seguir por mi cuenta. Te agradezco las enseñanzas que recibí de ti y me alegra mucho poder agradecer.
Ivonne Martínez Martínez
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Cuando era adolescente, acostumbraba a guardar las notas del periódico que me gustaban. Llegué a acumular muchísimas, entre textos, versos, artículos, caricaturas, etcétera. Ahora que ando en mis cuarentas y he tenido la oportunidad de publicar en este espacio, pienso “si yo fuera adolescente, guardaría este cuento”.
Gracias por leernos. Para mi no hay despedidas, solo espacios de tiempo en el que crecemos y conocemos otros mundos y personas. Ojalá que cuando vean otra vez nuestros nombres, quieran leernos.
Pedro Rivera-Benito
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