El panteón donde está enterrada su mamá Cristina y su papá Pedro estuvo cerrado, pero Alma no suspendió la tradición de cocinar el mole y que ayer su casa se llenara de una veintena de familiares, entre hermanos, cuñadas, sobrinos y su propia familia.
“Cada año nos reunimos como cuando mi mamá estaba viva, somos pura familia, todos estamos sanos”, relata sin preocupación Alma en espera de su turno en un molino, a orilla de la carretera federal 190.
Entre los diferente tipos de chile, plátano macho, pasas, tomate, ajonjolí y otros ingredientes Alma invirtió alrededor de 500 pesos para la pasta de mole, sin contar los 180 pesos que le cobraron por molerlo y los 300 pesos del pollo.
“Ir a un restaurante o comprarlo sale más caro y lo importante es estar en casa recibiendo a nuestras ánimas”, como lo dicta una tradición que ni la pandemia pudo aniquilar.
Óscar, propietario de un molino, si considera que el miedo a los contagios si hizo que la afluencia de personas que acuden a moler los ingredientes para el mole disminuyera un 50 por ciento.
En su pequeño local de cuatro por cuatro donde están distribuidos cinco molinos ha colocado letreros para indicar que el uso del cubrebocas es indispensable para entrar, en el acceso hay jabón y agua para lavarse las manos, pero pocas personas respetan la sana distancia.
“A veces vienen hasta dos personas o más por familia, o no les puedo estar negando el servicio porque con esta pandemia nos bajó mucho la clientela y este lunes no vamos a abrir”, de apurado.
Olga no quería hacer mole, pero el viernes terminó por comprar todos los ingredientes que alistó el sábado, pero hasta el domingo acudió al molino.
“Flores compré muy pocas porque no fuimos al panteón, sólo para mi altar”, en donde este año debió colocó la ofrenda para su mamá, su papá y su hermano Octavio, quien murió una de un paro cardiaco una semana después de que había dejado el hospital por supuestas mejoras de la COVID-19.
“Es un Día de Muertos distinto, hay muchas cosas que no podemos hacer como antes, pero mis cuatro hijos van a venir a la casa a comer mole”, lo que le aligera la nostalgia por estas fechas.
Las autoridades de los Servicios de Salud de Oaxaca han advertido que son las reuniones familiares las que representan un riesgo de contagio de COVID-19, ya que las medidas de prevención se relajan por la confianza de reunirse personas de un mismo círculo.
