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Se reduce producción de jícama en Oaxaca por miedo a pérdidas

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Ver cómo el rojo intenso de la flor de borla (vernonia tortuosa) cambia la tonalidad del campo, cortar la caña que se utiliza para los arcos del altar de muerto o arrancar de la tierra la jícama, son tradiciones que Lorenzo Galván Celaya no quiere abandonar, pero debido a la pandemia por la COVID-19 le hizo pensar en un nuevo cultivo: el aguacate.


“Hace dos meses sembré casi 300 plantas de aguacate y acabo de llegar al medio millar”, relata el hombre que quisiera ver que los compradores de caña y flor de muerto lleguen a  la comunidad de La Ciénega Zimatlán, a 20 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, pero, esto, a la vez representa un riesgo de contagio por el virus de SARS-Cov-2.



Fue precisamente la dedicación a la siembra de plantas de aguacate que a Lorenzo le impidió tener el tiempo para sembrar jícama; cuando se decidió a hacerlo “ya no iba a poder salir para estas fechas”, en las cuales, además “no sabemos cómo van a estar las ventas".


Indica que de flor de borla tiene media hectárea sembrada y casi tres de caña, pero la posibilidad de venta no la tiene asegurada, pues carece de pedidos de comercializadores en la Central de Abasto.


“La pandemia implica complicaciones en el campo y el tiempo no nos favoreció con suficiente agua”, además de que sembrar una hectárea de caña implica una inversión de cien mil pesos.



“Son tradiciones de seguir trabajando el terreno. Ahorita estoy iniciando con aguacate, seguiré trabajando la caña y la flor, porque es lo que me gusta, pero con esta pandemia quien va a sobrevivir es el más fuerte; es para aprender y seguir adelante”, asegura.


Mariana es también una productora de jícama en los Valles Centrales que si bien no abandonó el cultivo, si sembró la mitad por el miedo de que por el cierre de panteones y suspensión de festividades en torno al Día de Muertos, la gente compre, pero poquito.


Afirma que en su terreno ubicado en jurisdicción de la localidad de Suchilquitongo Etla, “nada más sembramos la mitad” y desde que comenzó octubre llegó la cosecha, pero “se batalla” para vender un manojo de jícamas en diez pesos.


Finalmente, expuso que la venta sólo la puede realizar desde la batea de su camioneta, esto debido a que en los municipios aledaños los tianguis están suspendidos y carece de un puesto en algún mercado municipal.

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