Virgilio Tosi, autor de 'El cine antes de Lumiere' (1984), es un científico italiano apasionado del cine. Fue docente del Centro Experimental de cinematografía de Roma y por supuesto ha dedicado su vida, además de la docencia, a la dirección de películas documentales y programas televisivos de divulgación.
A pesar de que muchos damos por hecho que el cine apareció una vez y para siempre, como un invento de los hermanos Lumiere, Tosi tiene claro que un avance científico de esta trascendencia no puede ser sino obra de muchos ingenios humanos, de manera que el docente italiano rebobina la cinta para mostrarnos dónde están esos antecedentes de la invención del cinematógrafo.
Muchos entusiastas llevan estos antecedentes a la misma prehistoria, cuando las tribus, cansadas después de un ajetreado día de actividades salvajes, proyectaban en las paredes de las cuevas imágenes en movimiento que eventualmente fueron inmortalizadas en forma de pinturas rupestres. Algunos más gustan de ver una anticipación del cine en el mito de la caverna de Platón, como si el hombre tuviera la necesidad ancestral de ver cine antes de contar con los medios para producirlo.
Pero el investigador italiano no va tan lejos y se remite principalmente a estudiar esta suerte de efervescencia que, dados los avances científicos del siglo 19, existía alrededor de la posibilidad real de crear imágenes en movimiento a partir de la fotografía.
El cine sólo es posible cuando fusionan dos intenciones: la primera es proyectar imágenes, y la segunda es la imagen en movimiento. Hay que considerar que ambas ideas ya se habían llevado a cabo con éxito. La proyección de imágenes se conocía desde hace muchísimo tiempo; espectáculos como el teatro de sombras y la linterna mágica (proyección de transparencias de diversa índole) eran comunes cuando nació el cinematógrafo.
Por el otro lado, en cuanto a la imagen en movimiento, existen muchos antecedentes como el zootropo y varios juguetes similares que animaban pequeños dibujos e incluso fotografías. El mismo Tomás Alva Edison patentó el vitascopio, que era una suerte de cine para una sola persona que debía asomarse al interior de una caja para ver algunos breves cortometrajes; el mecanismo de esta maravilla se accionaba al depositar un níquel, razón por la cual la gente llamó nickelodeon a este tipo de divertimento.
La hazaña de los Lumiere consistió en combinar la imagen en movimiento y la proyección; por supuesto que no fueron los únicos que lo intentaron, pero si los Lumiere deben el cinematógrafo a Edison, este a su vez debe el vitascopio al trabajo de científicos como Faraday, Plateau, Jansen, Muybridge y Marney, entre otros, cuyas aportaciones, a través de artefactos fantásticos como el traumatropo, el zootropo y el fusil fotográfico, fueron esenciales para agregar un nuevo camino a la comunicación y a la creatividad humana.
La imagen en movimiento no sólo en el cine, sino también la televisión y ahora, por supuesto, en los diferentes soportes digitales, forma parte esencial de nuestra actual forma de vida.
