Esa nota de voz que uno de sus alumnos de primer grado envió a través del celular de su mamá para hacerle saber su deseo de que llegue el día de mañana y volver a tener clases a distancia, a la profesora Liliana Santiago Romero le causó alegría y sintió que el 200 por ciento de esfuerzo que realiza en dos turnos al día, valen la pena.
Con 25 años de docencia y adscrita ahora a la Escuela Primaria Benito Juárez de San Sebastián Etla, ella no se había enfrentado a un ciclo escolar tan complicado, ausente de las aulas por la contingencia e intercalando dos turnos con la crianza de dos hijas y un hijo.
La maestra Liliana es parte de los 26 mil 922 docentes asignados a casi cinco mil primarias en Oaxaca, como parte de una plantilla que alcanza a 53 mil 443 profesores y maestras de los distintos niveles educativos, que por la pandemia no pueden realizar sus actividades de manera presencial.
"Vale la pena el esfuerzo"
“Cuando escucho sus voces y ellos me dicen que están contentos con mi trabajo, es cuando sé que sí les gustaron las clases, que valió la pena el esfuerzo o hacer el ridículo”, dice al recordar que frente a grupo “no te importa bailar o hacer lo que sea, para que los niños te entiendan”; pero ahora “es diferente porque les estás dando clases a los padres y tienes su punto de vista crítico”.
Una pared del comedor de su casa fue decorado con materiales alusivos al regreso a clases y en una mesa coloca todo lo que requiere para grabar los videos en los que Daira, su hija de 4 años, se cuela o le ayuda a grabar. Enfrente, un escritorio con computadora y cámara para hacer sus videollamadas.
Entre los quehaceres de la casa, la supervisión para que Daira cumpla con los contenidos que su profesora de preescolar le asigna, la planeación y la grabación de videos, el ciclo escolar 2020-2021 inevitablemente se convirtió en una jornada extenuante para Liliana, pero ella no se queja ni pierde la sensibilidad para dirigirse a su alumnado, aunque sea desde un celular, sin poder ver sus rostros o escucharles en tiempo real.
Sin acceso ni a celular
En la escuela de la profesora Liliana, el ciclo escolar inició hasta el 1 de septiembre, después de que la plantilla de casi 20 docentes aplicó encuestas que les permitieron saber que el 35 por ciento de los 355 estudiantes no tienen acceso a un celular o a internet.
El director de la Escuela Primaria Benito Juárez de San Sebastián Etla, José Luis Garzón Mayoral, considera que las inequidades que existen son demasiadas; “hay familias exageradamente pobres en que el esposo se va a trabajar todo el día, regresan y no tienen teléfono, ni televisión, ni luz”.
A esas dificultades se suman las de deficiencia educativa, con una mamá o papá con baja escolaridad o paciencia insuficiente para enseñar a sus hijas e hijos, por lo que además de clases por whatsapp, optaron por colocar un buzón afuera de la escuela para recoger las tareas e incluso visitas domiciliarias.
“Estamos por reunirnos para evaluar qué funcionó y modificar acciones para avanzar; cuando los padres de familia se acercan al maestro y acompañan a sus hijos, nos da a entender que están aprendiendo, pero también hay casos de niños que son abandonados y se complica todo”, expone.
Atención personal a niños
Lo que menos quiere la profesora Liliana, es que su alumnado de primer grado se sienta abandonado. Cada que inicia el turno matutino desde su casa, de 9:00 a 12:30 horas; o el vespertino, a las 16:00 a 18:30 horas, se concentra en enviar primero un video de activación en el que explica los movimientos que se requieren para seguir un baile de animales y que los brazos asemejen la trompa de un cocodrilo.
“Es para que bailen con sus papás y me regresen las evidencias”, explica con la claridad de que luego empieza el trabajo pedagógico; a los papás o mamás les escribe y a los niños les manda audios para que puedan contestar el material que envió previamente.
A la par se da tiempo para videollamar a cada uno, sobre todo para saber si el alumno o alumna realiza la actividad y no son los papás o mamás; pero el turno de la tarde es más difícil porque los tutores vuelven del trabajo cansados o en la familia no han comido.
Lo que a la profesora Liliana le queda claro, es la desigualdad social en la que se encuentran niñas y niños para aprender, así vivan a 14 kilómetros de distancia de la ciudad.
“No todos los niños tienen los recursos para trabajar y una tiene que acoplarse”, afirma sin titubeos una profesora que planea plantearles a madres y padres clases presenciales en pequeños grupos o visitar casa por casa si es necesario, sobre todo para quienes no cuentan con un celular que les permita seguir su proceso de aprendizaje.
