Ciudad de México.- La activista y escritora pakistaní Malala Yousafzai tenía sólo 11 años cuando todo comenzó a cambiar en el valle del Swat, al norte de Pakistán, donde solía llevar una vida muy tranquila.
"No todas las niñas tenían acceso a los mismos derechos ni iban a la escuela, pero no había extremismo ni torturas", relató la joven a la escritora y periodista mexicana Lydia Cacho, en la última charla de la jornada inaugural de la edición virtual del Hay Festival Querétaro.
Sin embargo, entre 2007 y 2009, un grupo de extremistas talibanes llegó a la región y empezó a implementar e imponer sus rígidas "normas islamistas" -que realmente no existen en el Islam, precisó Malala-, como la prohibición de la educación femenina.
"Anunciaron que el 15 de enero de 2009 ninguna niña tendría permiso de ir a la escuela", rememoró la activista pakistaní, doctora honoris causa por la Universidad Kings College de Halifax, Canadá.
"Aún recuerdo cuando me desperté esa mañana. Me sentía indefensa, sin esperanza. Pensaba: 'Me están quitando mi derecho a la educación, a aprender'. Esto no sólo implicaba no saber leer y escribir, sino también negarme el derecho a un futuro".
Fue entonces cuando se dio cuenta de que ella y todas esas mujeres que jamás tendrían la oportunidad de ser ellas mismas, de saber quiénes son y cuál es su papel en la sociedad, necesitaban hacerse oír.
El resto es una asombrosa y conocida historia de activismo a favor del derecho a la educación en la infancia, especialmente para las niñas, que fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2014, cuando Malala tenía 17 años -la persona más joven en recibir un Nobel en cualquiera de sus categorías-.
Ya fuera a través de un blog, concediendo entrevistas o colaborando en documentales, la activista alzó la voz, y lo mismo recomienda ahora a todos los jóvenes del mundo que padecen situaciones de violencia, corrupción, extremismos religiosos o machismo.
"Lo que he aprendido en mi vida es que cuando hay una tragedia, cuando aparece gente armada que utiliza la fuerza y la violencia para intentar hacer callar al resto y hacer que la paz desaparezca de sus vidas, lo que quieren es que permanezcas en esa situación para siempre. Para contraatacar hay que alzar la voz, intentar poner de tu parte", subrayó.
Puso como ejemplo que, cuando prohibieron la educación a las niñas en el valle del Swat y destruyeron más de 400 escuelas, ella tenía la responsabilidad y obligación de defender su derecho a la educación, de decir que eso estaba muy mal y que iba en contra de su cultura, en contra del Islam y los derechos humanos.
"Es importante hablar. Si nadie lo hace, nada cambia. Para que se dé un cambio alguien tiene que hacer algo. Mi mensaje para todos los jóvenes latinos y latinoamericanos es que deberían creer en sí mismos y hacerse oír", enfatizó la Nobel.
Y remarcó que no se tiene por qué esperar hasta ser mayor para cambiar las cosas. "Puedes cambiarlas ahora. Quiero que los jóvenes crean en su propia voz y en sus acciones. A todas las jóvenes de México, América Latina y del mundo: crean en ustedes mismas, en sus voces, en sus acciones. Hablen, manifiéstense, protesten por el cambio climático, salgan a defender sus derechos, su acceso a la educación y a la igualdad de oportunidades", puntualizó.
Si suman esfuerzos, continuó, el impacto será más grande. "Estoy con ustedes, las apoyo, me uno a su lucha por un mundo de paz e igualdad", expresó. "Podemos hacerlo realidad. Podemos cambiar el discurso, los debates, los temas de conversación y, sin dudas, podemos cambiar al mundo".
Sin planes, pero con un sueño
Habiendo concluido sus estudios de Filosofía, Política y Ciencias Económicas en la Universidad de Oxford, Malala Yousafzai, como muchos jóvenes de su edad, no tiene idea de qué sigue para ella.
Uno de sus planes, relató a Lydia Cacho, era viajar por el mundo, visitando los proyectos que la Fundación Malala está llevando a cabo en India, por ejemplo; ver más países y conocer más gente. Pero la situación derivada de la pandemia de Covid-19 lo hace algo imposible.
No obstante, y a pregunta expresa de Cacho sobre dónde se visualiza en 10 años, la joven Nobel de la Paz tiene un sueño muy claro: los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en especial el que busca garantizar a todos los niños el acceso a la educación primaria y secundaria para 2030.
"Mi sueño es vivir para ver a todos los niños y niñas en la escuela. Si es dentro de 10 años o cuanto antes, mejor. Quiero poder verlo", compartió.
"Si es así ya podré relajarme y ponerme a ver Netflix, ver la televisión, estar con mis amigos, sabiendo que vivo en un mundo donde todos los niños tienen acceso a una educación de calidad, gratuita y segura".
Aunado a esto, Malala también destacó la importancia de empoderar a las mujeres -quienes suponen la mitad de la población y son fuertemente reprimidas- para alcanzar un mundo mejor.
"El mundo no avanza si a la mitad de la población la hacen retroceder. Para mejorar la sociedad y la comunidad es muy importante empoderar a las mujeres", manifestó.
