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Lecturas para la vida: Mis abuelos

Foto(s): Cortesía
Redacción

Seres de niebla y rocío, siluetas que de noche vienen a contarme historias, a quienes convoco cada día y cada noche, ellos, mis cuatro abuelos, algunas veces me visitan de a dos, en otras ocasiones es sólo una voz la que me lleva a conocer otros mundos.


Los abuelos son nuestra raíz, una vez fueron fruto, ramas, tronco y al final raíz, ésa de la que poco sabes; ve a ella, búscala, quizá tus abuelos ya no estén en esta tierra, tal vez ellos partieron desde antes que tú llegaras, es posible que  la fortuna de conocerlos y tus oídos hayan sido entrada a los cantos que te arrullaron cuando eras un bebé, a muchos de nosotros nos contaron historias maravillosas, fantásticas.


Mi abuela, la más grande, me visita, sale de  mis sueños, sus gruesas trenzas y su piel clara, su refajo, su blusa de flores pequeñas (a ella no le gustaba llamar la atención) viene, se sienta un rato en la orilla de mi cama, no me da miedo, es la forma en que puedo sentir su cercanía y conocerla; sus ojos ciernen la ternura que llega directo a mi corazón, abro los ojos y la veo, ella empieza a contarme historias antiguas, de seres que ya no andan por este mundo, me habla de serpientes enormes, de perros acuáticos que comen gente, de toros nobles que cuidan las parcelas y los campos, porta un morral con adornos de caracoles y pequeñas piedras, da la impresión que de ahí salen esos relatos que me platica; a mi abuela le gustaba la joyería buena, la de oro macizo, usaba una cadena tipo torzal grueso del que colgaba un medallón del Sagrado Corazón de Jesús; cuando se me aparece, lo primero que hace es persignarme y antes de irse me da la bendición, en vida la llamaban Manuela.


Mi abuelo Giuseppe en cambio, vive, él no se cansa de cantar y de contar, es italiano, fue cartero antes de conocer a la abuela Manuela. Ha llegado a la orilla de mi cama para poder ver a mi abuela cuando se me aparezca,  trata de invocarla con sus arias, hay noches en que él empieza a contarme una leyenda y de pronto las voces se entremezclan, es confuso, pero maravilloso. Otro día les hablaré de Ponciano y Emiliana, mis otros abuelos, quienes también me han regalado historias que pronto les contaré.


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