Dices que estás destinado
a una vida conmigo.
Ya lo veremos mi amigo,
pues yo te veo confundido.
Debes estar delirando,
porque nací corajuda.
No’ más no pidas ayuda,
ni vayas gritando socorro,
porque yo te conozco zorro,
boquita de diablo suelto,
y a ti yo ya no te acepto
lo mujeriego y cotorro.
Boa
Siento frío en todo el cuerpo,
un escalofrío en la espalda.
Es tu cuerpo que atraviesa el mío
cual flagelación de espada.
Ya nos hemos despedido
de amores inoportunos.
Pero nada tan insensato,
como mi corazón con el tuyo.
Tienes boca que enamora,
una voz encantadora.
No hay como tu palabra,
¡ah!, esa boa cazadora.
Con el frío me recorren,
corriéndome por las piernas.
Y es que tu sonido mata,
¡boa, boa! Me envenenas.
Al tomar la empuñadura
de tu espada atravesada,
me consuelas abrazando,
lo que tu cuerpo anhelaba.
Ya no es hora de agitarse,
ni de restregar ombligos,
es la hora de aceptarse:
un par de locos hundidos.
Me miras muy confundido,
con tu mirada gitana,
aceptas lo que te pido...
Boa, ¡te tengo domada!
