Paulina está frente a su laptop, quiere escribir una historia que hable sobre ella. Se autonombra ‘Tristeza’ y deja que su nombre verdadero, ese que su madre encontró por azar en el calendario, se pierda entre las teclas. Paulina quiere nombrar aquel suceso infantil que la define. Piensa en las palabras que describen una tarde de frío en un pueblo olvidado: “ingenuidad”, “padre moribundo”, “descuido”; pero sólo escribe la palabra ‘tristeza’. La hoja de Word mantiene su blancura, sólo existe esa pequeña mancha negra. No quiere que su madre se entere de su infancia, de su ausencia de jornada interminable.
Paulina fuma un cigarro y mira el teclado. En su mente lleva medio párrafo escrito que empezaría así:
“Tristeza juega en el patio con la cuerda de saltar, su perro mueve la cabeza siguiendo el compás de sus rodillas. La casa está vacía, sus hermanos juegan matatena en la banqueta. Se cansa de saltar y se sienta sobre el suelo a contemplar a las hormigas que cargan en el lomo pedacitos de raíz…”
Paulina cree que un buen cuento no puede iniciar sin una frase que seduzca al lector, para qué hablar sobre el acto cotidiano de mover las piernas. Mientras la urgencia de otro cigarrillo la distrae, se pregunta si será el momento de levantarse de la silla e ir a la tienda por un Pallmall. Sabe que no vendrá la inspiración sin ese acto compulsivo. Entonces se levanta. Mientras camina por la calle, cree que su adicción debería hablarse sobre una Tribuna: “Hola, mi nombre es Paulina y no paro de fumar”. “Bienvenida”, dirían veinte cigarros encendidos.
Regresa. Entra a la habitación y temblorosa, toma los cerillos. Piensa entonces en otro inicio:
“Tristeza siente terror al ver a un hombre sin rostro en la habitación pintada de amarillo. Reconoce su voz; la risa burlona que terminará por someterla”.
Mientras tira la ceniza en su viejo cenicero, Paulina se da cuenta que es posible no reconocer una voz, sobre todo si el hombre trae puesta una máscara. Cuántas veces no se ha escrito de lo mismo: Un hombre herido por un suceso infantil, cometer actos despreciables.
El cigarro se consume. Sabe que por hoy no llegarán las palabras.
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Ahora es de noche. Con cinco cigarros sobre el escritorio, Paulina piensa en lo siguiente:
“Tirada sobre una cobija, Tristeza siente el frío del metal sobre su cuello. Con las uñas rasguña una súplica que no pronuncia. Su verdugo ríe estruendosamente, muestra los colmillos y comienza a devorarla”.
Paulina se da por vencida, escribir sobre vampiros es una moda sobrevalorada. Derrotada, mira el teclado y le da un sorbo a la cerveza. Falta decirle al lector, que Paulina tiene una afición por la bebida. Aquel pensamiento de ir a la Tribuna era más por su alcoholismo; pero no lo asume, teme que los lectores invaliden su talento.
La hoja como una piel herida, sangra la palabra ‘Tristeza’. Paulina arrastra una ‘z’ por toda la hoja:
Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.
La historia que no se escribió, tuvo que ser la siguiente:
“Tristeza tira el vaso con leche por tercer día consecutivo. Su madre cansada la amenaza; sus hermanos en otra habitación hablan de la vecina de ojos grandes. Ya en la cama, Tristeza le pide a Dios la haga adulta; sueña con el día que salga de casa para no volver jamás. Entra en un sueño profundo, el último. Mañana será una mujer de 34 años que jamás hablará de su infancia”.
SEMBLANZA
Montserrath Campos Sánchez (Celaya, Gto. 1984). Poeta y narradora.
Estudia la Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato. Ha publicado los poemarios Duermevela (Editorial La Rana, 2011) y Dos Infancias (Editorial la Rana 2019), así como el libro de cuentos ¿Quién es Paola Vargas? (Ficticia, 2016). Además de aparecer en algunas antologías nacionales. En el 2019 recibió Mención Honorífica en los Premios León 2019, en la categoría de cuento corto.
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