Debo confesar que, al inicio de cada curso, sobre todo si es nueva asignatura y el grupo nuevo, aún me pongo nervioso ante la nueva experiencia, nuevos rostros. A menudo decimos los maestros que los tiempos cambian y los alumnos también; pensamos que estos recientes alumnos sí que son difíciles, creo como toda persona tememos a lo nuevo, pero dijera el viejo filósofo, los miedos por lo general son producto de la ignorancia, y es tan sólo una sensación inicial. También considero que nos volvemos cómodos con los grupos que ya tenemos y hemos establecido una dinámica de trabajo que nos resulta familiar y por tanto fácil.
Los jóvenes estudiantes, como la mayoría de los alumnos, pueden confrontarnos, cuestionarnos. Llego a la conclusión de que su condición de jóvenes los hace adoptar esas actitudes de manera natural, de lo contrario no estarían mostrando la energía natural de su edad, Salvador Allende decía ser joven y no ser revolucionario es una contradicción, me recuerdo a mí y mis compañeros como estudiantes, a menudo hacíamos intervenciones con más fuego del necesario.
Así que, a partir de estas experiencias, he llegado a la conclusión que no hay grupo malo, y sí posiblemente hay malos motivadores o docentes
incomprensivos del ser estudiante. Con todo el impulso propio del ser joven, todo es cuestión de adoptar una posición pedagógica, independientemente de la formación docente, la profesionalización, la renovación de nuestra visión de nuestros saberes, la disposición al conocimiento de los nuevos tiempos, de la innovación.
Todo esto sin dejar de lado lo valioso que nos aporta la experiencia, el pasado histórico, la historia misma. Habría que pensar en los jóvenes como los futuros ciudadanos que se harán cargo del país, de los niños, de la sociedad, de las responsabilidades que con toda seguridad les depara el curso de la vida; había que pensar, como maestros, padres de familia, sociedad, en darles y procurarles lo mejor, las mejores aportaciones sociales en todos los ordenes, comenzando por los valores esenciales, porque quien sabe hacia a donde va, de alguna manera sabe que herramientas necesita, y que mejor que los principios y virtudes humanas. Nos dice el maestro Livraga, filosofo-humanista: “De alguna manera los principios se convierten en fines”.
Volviendo al tema de los estudiantes, a pesar de la contingencia y los estudios a distancia, videos, reflexiones, etcétera, hoy en este periodo tan especial los conozco más. He aprendido a conocer sus ritmos, su eficacia, sus facilidades para comunicarse o no, algunos son de lugares remotos con grandes retos por realizar y enviar sus tareas por vía electrónica, y demás medios; esos son sus retos y a la vez oportunidades. Quién lo ve como un paso hacia la realización personal y, no un trabajo más que hacer, va rumbo hacia el éxito en lo que así se proponga.
Hoy prácticamente en casi el cierre del semestre, y dado que ha sido intenso el curso bajo las nuevas condiciones y retos, sí, sinceramente, escuchamos bien su expresión: ¡Por fin, hermoso verano!
