Santiago Matatlán, Oax.- La mezcalera Efigenia Martínez Blas no ha enfermado de COVID-19, pero para ella es casi como si la pandemia la ahorcara porque sus ventas se redujeron a casi nada.
La contingencia vino aparejada con la ausencia de paseantes, la cancelación de compras de mezcal a granel sin envasar, la disminución de personal contratado e ingresos que se reducen al mínimo.
En una crisis que no tiene comparación, el Consejo Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam) estima que las ventas de las 900 empresas con marcas registradas en el país cayeron en un 40 por ciento en el mercado nacional y hasta en un 60 por ciento en las exportaciones.
Tan sólo de esos 900 productores registrados en el país, 700 se ubican en Oaxaca y de todos los municipios que elaboran esta bebida Matatlán es reconocida como la cuna del mezcal.
Vocación mezcalera
De cada diez familias en este municipio que se ubica a 47.2 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, al menos ocho participan en la cadena productiva del mezcal, produciendo directamente la bebida o comercializando alguno de los insumos.
Haber nacido en una familia mezcalera significó para Efigenia replicar la actividad económica que desde hace 25 años realiza con su esposo Agustín Mateo.
Poseer una casa a orilla de carretera le evita desembolsar gastos de renta que en esta etapa de la crisis sería impagable porque ha tenido que dar descanso escalonado a sus dos empleados.
“Como mi palenque está aquí en la casa, abrimos para vender al menos una o dos botellitas y sacar para el pan”, dice la mujer de 42 años cuya familia incluye a cuatro hijos, el mayor en formación profesional y la menor aún en primaria.
Todavía en marzo, antes de la contingencia sanitaria, abría su pequeño palenque y expendio a las 6:00 de la mañana y daba empleo a dos trabajadores, “uno para molienda y otro para destilar el mezcal”.
Pérdida de empleos
Para no prescindir de sus servicios los ha tenido que ocupar de manera escalonada y reducir su sueldo 25 por ciento.
“No se ha dejado de trabajar, se sigue produciendo mezcal”, pero si antes se hacían 6 u 8 viajes diarios con una tonelada de agave, ahora se procesa la mitad porque los compradores de hasta mil litros de granel dejaron de venir.
“Ahorita no hay salida de mezcal, sólo la venta en pequeñas cantidades, si mucho 15 litros al día”, relata una mujer que no se concibe en otra actividad para procurarse ingresos.
Como cada año, éstas son las fechas en que se preparaba para la temporada de Guelaguetza y la participación en la Feria del Mezcal, por lo que tiene almacenados 6 mil litros de mezcal blanco y unas 500 botellas en cajas apiladas y empolvadas.
David González, encargado de un expendio de mezcal que apenas volvió a abrir el lunes pasado, calcula que antes de la contingencia se vendían 200 botellas al día, “sin contar las entregas de hasta 500 botellas, pero con la pandemia todo se frenó”.
Cuidar los cultivos
Esa paralización no se pudo replicar en los cultivos de maguey, donde se debió seguir para que el agave mezcalero “no se echara a perder”.
“Llegamos al punto de no vender ni una botella al día. La ventaja es que al no ser un producto perecedero, se puede almacenar, pero se tuvo que recordar el personal hasta en un 75 por ciento”, refiere.
En este municipio, el único contagio que se ha confirmado es el de un hombre de 70 años que falleció el pasado 14 de mayo, pero David González no necesita ser experto en epidemiología o finanzas para tener la certeza que 2020 cerrará como un año “de vacas flacas, la economía se reactivaría hasta el año que viene”.
El presidente del Comercam, Hipócrates Nolasco Cancino, dijo que desde el lunes el 20 por ciento de los palenque reactivaron sus actividades, pero en sí la producción disminuyó hasta un 25 por ciento.
Lo más preocupante es que las ventas en el mercado local, nacional y extranjero se redujeron entre un 40 y 60 por ciento, pero hasta la semana siguiente esperan tener un impacto más certero de lo que la contingencia por COVID-19 le ha hecho al sector.
Efigenia no necesita esperar números ni proyecciones oficiales. Ella tiene claro que la venta de su mezcal o de artesanías depende mucho del turismo y por ahora “no queda más que pedirle a Dios que esto termine, va a ser difícil levantarnos porque hemos caído muy abajo”.
