“Había una vez un poeta portugués / tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado / trabajaba en la administración pública y dónde se vio / que un empleado público de Portugal / gane para alimentar cuatro bocas”, escribió el poeta Juan Gelman.
En este poema, Gelman cantó al poeta Fernando Pessoa y a sus heterónimos más conocidos: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis, cuatro poetas que vivían dentro de Pessoa y a los que el portugués dotó de nombres y apellidos muy lusitanos.
Antonio Sáenz Delgado, biógrafo y traductor del múltiple poeta, escribió que Pessoa fue un caleidoscopio estético e ideológico que se manifestó a través de sus heterónimos, más de cien personalidades que lo acompañaron siempre y a los que hizo firmar sus obras poéticas, dramáticas y filosóficas.
Fernando Pessoa, a través de las obras que publicó con las firmas de sus identidades ficticias y también con la original, se constituyó como uno de los grandes poetas de su lengua y de la literatura universal. Nacido en Lisboa, Portugal, el 13 de junio de 1888 y muerto en la misma ciudad el 30 de noviembre de 1935, es autor del siguiente poema, firmado como Álvaro de Campos.
Tabaquería (fragmento)
He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.
Pero soy y seré siempre el de la buhardilla,
aunque no viva en ella.
Seré siempre el que no nació para eso.
Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,
seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,
el que cantó el cántico del Infinito en un gallinero,
el que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.
Derrame la naturaleza su sol y su lluvia
sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine
y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;
nos despertamos y se vuelve opaco;
salimos a la calle y se vuelve ajeno,
es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
MEMENTO
- 11 de junio de 1861: Don Benito Juárez es declarado Presidente Constitucional de México.
- 12 de junio: Día Mundial contra el Trabajo Infantil.
- 13 de junio de 1869: Nace el general Felipe Ángeles.
- 13 de junio de 1888: Nace el escritor portugués Fernando Pessoa.
- 13 de junio de 1939: Llega al Puerto de Veracruz el barco Sinaia trayendo a exiliados españoles.
- 13 de junio de 1949: Se publica la novela «1984», de George Orwell.
- 14 de junio de 1986: Muere el escritor argentino Jorge Luis Borges.
- 15 de junio de 1879: Muere en la ciudad de México, Ignacio Ramírez “El Nigromante”.
- 15 de junio de 1888: Nace el poeta mexicano Ramón López Velarde en Jerez, Zacatecas.
- 16 de junio de 1958: Muere el compositor mexicano José Pablo Moncayo, autor del Huapango.
PANEL
De pandemias y conejos
Arturo FAJARDO NÚÑEZ
En octubre de 1859, un cazador introdujo 24 conejos a Australia, en ese continente no había. Él, lo único que deseaba era seguir sus actividades de cazador y los importó desde Inglaterra. ¿Qué podría salir mal con unos cuantos conejos?
Los conejos se reproducen muy rápidamente y de una forma exponencial; la hembra es capaz de reproducirse a los seis meses de edad y su período de gestación promedio es de 31 días. Al cabo de ese tiempo puede tener entre 4 y 12 crías por camada.
Abundantes pastos y falta de depredadores permitieron lo que en otro país era inconcebible, para 1920 el número de conejos llegó a un pico máximo de 10, 000, 000,000 (diez mil millones). Habían transcurrido 61 años desde su llegada.
Una plaga de esta magnitud era incontrolable, la economía del país estaba en peligro, los cultivos y los pastos destinados a las ovejas y demás ganado eran consumidos vorazmente por los conejos.
Las soluciones ideadas, como los zorros importados, lejos de ayudar perjudicaban. Los zorros encontraron a los wallabies y los hicieron presa preferida sobre los rápidos conejos. Los venenos, cacerías y cercas electrificadas, lograban disminuir la plaga, pero al poco tiempo regresaba.
Desesperados, buscaron una solución en la ciencia de los años cincuenta: un virus. La ansiada solución consistió en inocular conejos con el virus de la Mixomatosis, un conejo infectado era capaz de infectar a otros; con ello se logró matar a 500 millones de ellos. Pero surgió otro problema, algunos conejos lograron sobrevivir volviéndose inmunes y resistentes a ese virus.
Nuevamente se recurrió a la ciencia y en los años 90 se inoculó a los conejos sobrevivientes con el Virus de la Enfermedad Hemorrágica Viral (EHVC), un virus por cierto que se manifestó por vez primera en China en el año 1984. Se estima que a la fecha ha matado al 60 % de los conejos australianos, pero los conejos no se han extinguido sobre ese territorio. Aún quedan muchos capítulos por ver de esta historia de terror.
No se sabe a ciencia cierta el efecto que el EHVC pueda tener sobre otros animales o inclusive sobre el ser humano al consumir animales infectados. Lo que sí se sabe es que el virus se ha encontrado a lo largo y ancho del territorio australiano, llevado por moscos que se alimentan de la sangre de los conejos.
La historia no concluye ahí; en Europa y América también se inoculó a conejos con el virus de la Mixomatosis. ¿Ha visto conejos silvestres últimamente en Oaxaca? Yo tampoco, antes había en abundancia.
Una decisión de corto plazo sin análisis puede traer consecuencias funestas no previstas. De igual forma, la ciencia mal utilizada en ocasiones ha creado más problemas que aquellos que pretendía resolver.
Es decir, cuando no se estudian a fondo las consecuencias del manejo de un virus, éste puede traer resultados no previstos a la humanidad. No hablo de manipulación genética, hablo simplemente del uso y abuso que el ser humano ocasiona sobre los ecosistemas. Cuando estos se ven alterados, las consecuencias las pagamos todos. ¿Le suena este problema a algo conocido?
* Ingeniero en Sistemas Electrónicos, Maestro en Innovación. [email protected]
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