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Cantos de un Cardenal

Foto(s): Cortesía
Redacción

La barba y una boina guevariana que contenía su cabellera insurrecta, eran las señas particulares que hicieron familiar la magra figura del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal (1925-2020) en nuestros países de habla poética. 


Son las mismas con las que deambuló por todo el damero de nuestro Centro Histórico en el año 2000; ya con ellas puestas, le escribió a Claudia los famosos Epigramas y enteró a futuras lectoras: Muchachas que algún día leáis estos versos / y soñéis con un poeta: / sabed que yo los hice para una como vosotras / y que fue en vano.


Tres años después de la muerte de Marilyn Monroe (Norma Lee), Ernesto Cardenal la recordó con una oración que hoy transcribimos para recordar al poeta que ha muerto hace tres meses, allá en Managua, Nicaragua.


Oración por Marilyn Monroe


Ernesto Cardenal


Señor


recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de                                                        


               Marilyn Monroe


aunque ése no era su verdadero nombre


(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a


               los 9 años


y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)


y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje


sin su Agente de Prensa


sin fotógrafos y sin firmar autógrafos


sola como un astronauta frente a la noche espacial.


Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia


               (según cuenta el Time)


ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo


y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.


Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.


Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno


pero también algo más que eso…


Las cabezas son los admiradores, es claro


(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).


Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.


El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo


en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano


expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox


que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.


Señor


en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,


Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda


que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.


Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).


Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,


el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.


Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros


por nuestra 20th Century


por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.


Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.


Para la tristeza de no ser santos


               se le recomendó el Psicoanálisis.


Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara


y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena


y cómo se fue haciendo mayor el horror


y mayor la impuntualidad a los estudios.


Como toda empleadita de tienda


soñó ser estrella de cine.


Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.


Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados


que cuando se abren los ojos


se descubre que fue bajo reflectores


               ¡y se apagan los reflectores!


y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)


mientras el Director se aleja con su libreta


               porque la escena ya fue tomada.


O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río


la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor


               vistos en la salita del apartamento miserable.


La película terminó sin el beso final.


La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.


Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.


Fue


como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga


y oye tan solo la voz de un disco que le dice: WRONG NUMBER.


O como alguien que herido por los gángsters


alarga la mano a un teléfono desconectado.


Señor:


quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar


y no llamó (y tal vez no era nadie


o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de los Ángeles)


¡contesta Tú el teléfono!

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