La contingencia sanitaria se avizoraba como el momento de crisis económica para Eduardo Revilla Cervantes, un egresado de la carrera de arquitectura que a sus 25 años no ha podido emplearse.
De la elaboración y venta de máscaras, así como de artículos de lucha libre, Eduardo pasó a confeccionar cubrebocas con lycra brillante y motivos de ese deporte, una pasión personal desde que tenía cuatro años.
Con las actividades deportivas detenidas Eduardo temió dificultades financieras, pero aceptar el pedido especial de tres cubrebocas, hace tres meses y medio le permite mantener estabilidad en sus ingresos.
“Un amigo aficionado me pidió hace mes y medio tres cubrebocas, dos de mil máscaras y uno de blue demon”, y la recomendación comenzó de boca en boca y permitir envíos hasta de 50 cubrebocas a Estados Unidos.
Eduardo, quien en el ambiente de la lucha libre lo reconocen como Lalo Rudo, no considera que fue el primero en realizar una mascarilla de este tipo en México, pues reconoce que El Soberano, un luchador en Torreón, Coahuila.
La diferencia es que Eduardo confeccionó una mascarilla muy similar a un bozal, “ya tenía el molde” y eso permite cubrir desde el tabique nasal al mentón.
“Busqué la forma de cubrir toda la parte inferior de la cara, adaptan el cubrebocas a la moldura de la nariz y el mentón”. En el exterior utiliza tela tipo lycra con hologramas “que le da la vista” y en el interior “un forro de poro cerrado que permite cumplir la función de ser una barrera de gotículas, pero también ayuda a la temperatura para que evite la sudoración”.
El Practicante, un exluchador durante 21 años, fue de los primeros compradores de Eduardo. En poco más de mes y medio ha adquirido una docena de cubrebocas, pero los diseños de Mil Máscaras son sus favoritos.
“Es protección y lujo”, admite un hombre que a sus 48 años es fanático de la lucha libre. Los cubrebocas que confecciona y comercializa Lalo Rudo es una manera de lucir algo muy parecido a una máscara y a la vez promover el deporte que tanto le apasiona.
