El claxon del automóvil grita encolerizado en medio del tráfico. Frente a la fila de motores rugiendo, avanza lentamente una marcha a perifoneo abierto. La voz truena a pulmón: ¡exigimos!... ¡queremos!... ¡demandamos!...
Tu oído derecho recibe de golpe la música que desprende el aparato de sonido de una tienda de celulares que promociona el nuevo modelo. Aprietas la mandíbula como reacción al zumbido. Las agudas campanadas de la iglesia compiten en medio de ese coctel que forma parte de la enemiga ruidosa: la contaminación auditiva.
Aunque no existe un estudio que ubique a la capital oaxaqueña como una de las más ruidosas del país, personas que han impulsado la creación de iniciativas que eviten la contaminación auditiva, afirman que debido al parque vehicular y las vías pequeñas, las marchas y manifestaciones diarias, así como la vida nocturna, hacen de Oaxaca de Juárez una de las ciudades con mayor contaminación auditiva en México.
Fuentes de ruido
La aglomeración de vehiculos es una de las principales fuentes de contaminación ambiental. FOTO: Emilio Morales
Las principales fuentes de ruido en la capital son los autobuses urbanos, los bares y las manifestaciones por el uso indiscriminado de equipos de sonido.
Los espacios públicos, antes utilizados como lugares para relajarse, como El Llano, y el zócalo, son hoy de los lugares más ruidosos de la capital, debido a que son el punto de partida o de concentración de los manifestantes.
Desde 1968, Oaxaca cuenta con la Ley de Protección Contra el Ruido en el Estado de Oaxaca, que en su artículo cuarto señala que: "en las poblaciones del Estado queda prohibido el uso de claxons, bocinas o sirenas en toda clase de vehículos. Únicamente podrán hacer uso de esos medios de aviso las ambulancias, el cuerpo de bomberos y la policía, en el estricto desempeño de sus funciones". Sin embargo, ésta pareciera encontrarse sepultada.
El claxon de un automóvil alcanza los 90 decibeles, 30 más que el sonido "normal" para el oído humano. FOTO: Emilio Morales
La audióloga Guadalupe Pérez del Río, explica que la contaminación auditiva se presenta en todos los países, aunque en algunos han establecido estrategias para mitigar el impacto en la salud de sus habitantes.
“En el área de trabajo se puede encontrar contaminación auditiva como en el caso de quienes trabajan como herreros, carpinteros, piloto de avión, chofer o quienes trabajan con maquinaria pesada en la construcción de infraestructura. Hay otros que son muy raros como los árbitros, que tienen como herramienta de trabajo un silbato que emite sonidos de más de 40 decibeles”, señala.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado dimensionar el tema, ya que la principal enfermedad laboral en México es la hipoacusia, que es la pérdida auditiva.
Pérdida paulatina
La contaminación auditiva -explica- genera pérdida de audición de manera paulatina e incluso llega a restar más de diez años de vida útil al oído, que en promedio llega a ser completamente óptimo a los 60 años de edad.
“No existe la cultura de cuidarnos los oídos ante la contaminación auditiva. En Oaxaca, sobre todo, hay tradiciones como la quema de torito o cohetes que daña los oídos. Nunca supieron que esos cohetes los iba a dejar sordos poco a poco”, indicó.
La especialista explica que la voz se emite a 60 decibeles; cuando el sonido sube a 80 decibeles, la persona va a comenzar a sentir daño, irritación y bajo rendimiento.
Una persona que está siendo afectada por la contaminación auditiva va a comenzar a escuchar zumbidos en el oído. “A veces dirán '¡creo que están hablando de mí!'; pero no, son los oídos protestando por falta de oxigenación o daño a las células auditivas por las ondas sonoras”.
La principal enfermedad laboral en México es la hipoacusia, que es la pérdida auditiva. FOTO: Emilio Morales
Cuando hay una mayor exposición a los sonidos fuertes, comienzan a notar que no escuchan bien a cierta frecuencia.
La exposición prolongada a la contaminación acústica se asocia con la pérdida de sueño, presión sanguínea elevada, dolor de cabeza, problemas digestivos y cardiovasculares, insomnio, estrés, irritabilidad, bajo rendimiento, pérdida de años de vida, así como de audición.
Dieta silenciosa
De la misma manera en la que se establece una dieta baja en calorías para conservar la salud del cuerpo, el oído requiere de un consumo bajo de decibeles para mantenerse óptimo a lo largo de su vida.
Como parte de las medidas recientes de concientización sobre las consecuencias de la contaminación auditiva, la OMS promovió la realización de una dieta silenciosa; es decir, mantenernos en un ambiente con ruido menor a los 85 decibeles o reducir el impacto a la salud utilizando aditamentos como tapones para protegerse de este tipo de contaminación que se genera incluso en las salas de cine, en donde el sonido alcanza los 100 decibeles.
Aunque la contaminación auditiva no ha sido un tema central en el establecimiento de medidas de mitigación porque no tiene efectos acumulativos en el medio ambiente, sí puede tener un efecto acumulativo en el hombre.
Algunas de sus características concretas son: complejo de medir y cuantificar; tiene un radio de acción mucho menor que otros contaminantes, es decir, se localiza en espacios muy concretos.
DIETA SILENCIOSA
(consume bajos decibeles)
Pájaros trinando: 10 db
Rumor de hojas de árboles: 20 db
Zonas residenciales 40 db
Conversación normal: 50 db
Ambiente oficina: 70 db
Interior fábrica: 80 db
Tráfico rodando: 85 db
Claxon automóvil: 90 db
Claxon autobús: 100 db
Sala de cine:100 db
Interior discotecas: 110 db
Motocicletas sin silenciador: 115 db
Taladradores: 120 db
Avión sobre la ciudad: 130 db
Umbral de dolor: 140 db
