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Juquila: ante la virgen

Foto(s): Cortesía
Redacción

Último día de caminata y los peregrinos están motivados. En el Cerro del Corazón –significado de Santa María Yolotepec‑‑, el viento se deja sentir y el frío aumenta.


Lámpara en mano, Víctor Aquino, David Zaragoza, Jorge Mayoral y Octavio Murcio reanudan su andar a las tres y media de la mañana, pues tienen la misión de llegar a las siete a Juquila para escuchar misa.


El ascenso al cerro de la Virgen marca el último esfuerzo significativo, porque la inclinación supera los 70 grados. Es una verdadera prueba de fe.


Con la motivación a tope, los peregrinos caminan durante 40 minutos antes de llegar al Campamento, donde continuarán el recorrido sobre la carpeta asfáltica.


 




Con la fe intacta.

 


A ellos se unen otros feligreses como Víctor Ignacio y Rosendo Rodríguez.


Una cruz blanca indica el descenso al río y después está El Pedimento.


Llegan con los primeros rayos del sol. La capilla está prácticamente vacía. Solamente una persona duerme en las bancas.


Los andarines se hincan, cierran los ojos y oran. Otros toman fotografías del mirador, de donde se observa Juquila.


Avanzan los minutos y más peregrinos arriban por los caminos de la fe.


 




Escaleras interminables.

 


Cemento que castiga


En El Pedimento los árboles registran los milagros, mientras Enedina y su esposo hacen una casita de barro. Pues pedirán a la Virgen que los ayude a comprar una. “Ya no quiero vivir con mi suegra”, se sincera.


El camino para llegar a Juquila es de cemento que castiga las rodillas y pies ya lastimados de los peregrinos.


Las quejas no se hacen esperar: “Perdió su encanto. Era mejor el camino natural”, expone David Zaragoza. Los demás asientan.


A lo largo del sendero, construido en el 2011, colocaron 14 cruces de madera que representan las estaciones del viacrucis, donde los andarines dejan flores.


A pesar de lo incómodo que provoca el caminar más de 11 kilómetros sobre cemento, los peregrinos aprietan el paso, pues saben que están cerca.


 




También los músicos llegan a Juquila.

 


Gracias, virgencita


No llegan al inicio de la misa, pero el sermón aún no termina. Acceden al templo donde agradecen a la patrona del lugar que los haya protegido en el camino.


La emoción contagia y las lágrimas ruedan.


 




Pablo, David, Jorge, Víctor, Octavio, Erick y Rodrigo caminaron cuatro días para ver a la Virgen.

 


Peregrinos entran de rodillas, con la mirada fija en la imagen de la Virgen, mientras los guardias no quitan la vista a los visitantes.


Eduardo Galán y Margarita viajaron más de 10 horas. Salieron de Huejotzingo, Puebla, para agradecer a la Virgen que les diera salud y la oportunidad de comprar una camioneta.


Margarita seca sus mejillas y Eduardo le ayuda a cargar una virgencita recién bendecida.


 




Postrarse ante la virgen

 


“El camino es difícil, pero hacemos el esfuerzo porque es la única prueba que nos pone la Virgen”, considera Eduardo Galán.


Termina la homilía y los viajeros se toman de la mano, rezan un Padre Nuestro y un Ave María. Se abrazan y reconocen su esfuerzo.


Joaquín Jiménez persigna a su hija que carga un ramo de alcatraces. Hincados lloran y se abrazan. Una señora captura el momento con el celular.


 




Esteban Gutiérrez pide por sus hijos.

 


Por el velo de la virgen


Una joven da instrucciones de cómo y dónde pueden prender las veladoras, si quieren pasar debajo del velo de la Virgen y si desean alguna misa especial u otro servicio.


En el área de veladoras, cuatro réplicas de la Virgen son adoradas por los peregrinos, quienes se persignan con la vela, rezan y la encienden. Unos la apagan, pues la llevarán de regreso, como lo hace David Zaragoza, para que ilumine su casa.


Erick Pérez tiene la encomienda de prender cinco veladoras, en tanto que Eufrosina López y Esteban Gutiérrez, originarios de Cochoapa, Guerrero, colocaron unas flores.


Su español no es fluido, pero aseguran que cada año viajan más de 12 horas en carro para visitar a la virgencita.


“Tengo tres hijos y pido por ellos. Uno está en Estados Unidos y no sabemos de él, estamos tristes y sólo pedimos a la Virgen que lo proteja.”


Esteban la reprende con la mirada y Eufrosina aprieta el paso. “Adiós, adiós”, dice mientras camina detrás de su esposo.


 




Bajo el manto de la virgen

 


La explanada que se encuentra enfrente del templo está libre de puestos, los cuales son ubicados en las calles aledañas al santuario.


Mientras unos peregrinos se van, otros llegan.


Roberto Tamayo arriba pasadas las diez de la mañana, pero cumple con su cometido. Ahora jurará para no tomar alcohol durante cuatro años, porque tiene el compromiso de los quince años de su hija.


 




Originarios de Huajotzingo, Puebla.

 


La visita de 200 personas


En el camino, cuando el sol mengua las fuerzas, unos 200 peregrinos caminan rumbo al Santuario. Son de comunidades de Puebla y cada año viajan a pie.


En tráileres y camionetas adecuaron una cocina; transportan víveres y todo lo necesario para la travesía.


Son cuidados por los peregrinos experimentados, quienes portan chalecos reflejantes. Nadie se adelanta, caminan todos juntos y se ayudan para bajar o subir en los cerros.


Así, uno a uno llega a Juquila para agradecer, pedir y prometer, porque saben que la fe es la herramienta para mover montañas.


A pie, en bicicleta, en moto o en carro, miles de peregrinos viajan con la esperanza de encontrar en la Virgen de Juquila una solución a sus problemas.


El dolor desaparece y la satisfacción perdurará, por lo menos, un año más...




La imagen de la milagrosa

 


El último jalón


De Yoloyepec a Juquila, son poco más de 25 kilómetros. El primero tramo es de una hora, con ascensos complicados para salir a Mesitas. De ahí, se camina sobre carretera hasta la Cruz, donde inicia el descenso al río y después una subida de 200 metros para llegar a El Pedimento. Entre árboles con cruces y recuerdos de peregrinaciones, está el camino de cemento hasta llegar a Juquila.


La altura de la fe


Durante el trayecto de 4 días de la ciudad de Oaxaca a Santa Catarina Juquila, de más de 200 kilómetros, los peregrinos deben afrontar otro reto: la altitud. En una misma etapa pueden estar por debajo de los 800 metros sobre el nivel del mar y, en escasos kilómetros, “arañar” los 2 mil metros sobre el nivel del mar; aquí una muestra de la escalada:


 

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