"Ni héroe ni villano, Fidel Castro fue un hombre de su tiempo que supo responder a su pueblo según sus principios", afirmó el presbítero oaxaqueño Álvaro Gómez Hernández, misionero en Cuba durante la década del pasada.
Aunque reconoció que el paso del comandante de la revolución cubana también presenta claroscuros porque restringió muchas libertades en su pueblo.
Quien fuera sacerdote entre el 2000 y 2003 en la parroquia de La Trinidad, en la ciudad de Cienfuegos, subrayó que el presidente Castro pudo sacar adelante a su pueblo, a pesar de la crisis terrible de trabajo y alimentación durante varios años, originada por el embargo estadunidense y la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
–¿Cuando fue misionero pudo conocer esa realidad en Cuba?
–Sí, desde que fui por primera a Cuba en 1988, vi la necesidad de evangelización del pueblo; me animé y así llegué dos años después. Afortunadamente, la situación se flexibilizó algo después de la primera visita del papa Juan Pablo II en ese año porque la situación era rígida y no había mucha comunicación sincera entre el pueblo. Hubo una Cuba antes y una Cuba después del pontífice.
–Para usted, ¿qué fue lo más importante del régimen de Fidel?
–Acabó con el analfabetismo, aunque a mi llegada pude aún conocer familias analfabetas; claramente promovió la educación y extendió los servicios de salud. Aunque alguien cuando terminaba sus estudios, no podía encontrar trabajo y tenía optar por la especialización.
–Entonces, ¿sirvió algo la revolución?
–Sí, claro, acabó con la diferencia entre los ricos y los pobres. Un ejemplo simple, antes los ricos y los poderosos caminaban en el parque y el pueblo no podía.
–¿Hizo un pueblo digno?
–Claro, está a la vista de todos; terminó con la dominación de los Estados Unidos.
–Fidel, ¿fue un verdadero líder?
–Todo el pueblo, no sé si a la fuerza, pero todos hablaban de Fidel, no quisiera utilizar el término de fanatismo, pero todos hablaban bien. Lo reconocían como un gran líder.
No obstante, destacó que Castro restringió las libertades del pueblo e incluso el culto por la religión católica al ordenar el cierre de templos y la deportación de varios sacerdotes a España, para mantener su régimen.
“El pueblo vivió mucho tiempo en una gran rigidez, en gran tensión por las restricciones; después ha habido mucha flexibilidad. Ahora, la situación ha cambiado mucho”.
–A pesar de la flexibilidad surgida después de la visita del papa, ¿a usted lo vigilaron los agentes del Estado cubano?
–Sí, no tenía libertad de expresión; en alguna ocasión me llamaron la atención los agentes del Estado porque dije esto o porque dije lo otro, pero no fueron expresiones mías sino propias de la doctrina de Cristo y del mensaje liberador del Evangelio.
–¿Héroe o villano?
–Fue un hombre de su tiempo que supo responder e hizo algo por su pueblo según sus principios, aunque no creo que completamente.
