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Oaxaca aún tiene aroma de incienso

Foto(s): Cortesía
Redacción

Las almas de nuestros muertos retornaron a su recinto sagrado. La celebración de los Fieles Difuntos está, en Oaxaca, cada vez más viva.


Recién celebramos a nuestros muertos en compañía de familiares, amigos y visitantes venidos de lejanas tierras. Nuestros panteones se llenaron de colorido; de amigos largamente ausentes, de migrantes que retornaron a su tierra, aunque sea por algunos días. Así fue también en los hogares con las ofrendas, en las calles con las comparsas o muerteadas.


Por algunas horas los mercados fueron un hormiguero en busca de todo aquello que gustaba a nuestros difuntos; lo mismo asistimos a admirar los bellos templos para, desde ahí, lanzar una plegaria por las almas.


Vimos y disfrutamos a muchas de nuestras familias trabajar en conservar la tradición. Recolectamos flores de los campos; horneamos el delicioso pan de muerto; quemamos incienso, mordimos calaveras de dulce, y todo lo necesario para construir altares.


El primero de noviembre llegaron los santos y los niños inocentes provenientes del Mictlán, o tierra de muertos. Después, el día dos, el resto de los Fieles Difuntos. Este es un recuento gráfico del acontecimiento, uno de los dos o tres más importantes para los oaxaqueños en el año.

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