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Cárdenas no tiene herederos: Pedro Ángel Palou

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Recién llegado de Boston, donde es académico en la Universidad de Tufts, el escritor Pedro Ángel Palou destapa un vaso enorme de café negro para aguantar el rally de entrevistas que tiene enfrente. Autor de más de 20 novelas, ha encontrado una rica veta literaria en las biografías de personajes históricos: Cuauhtémoc, Porfirio Díaz, Emiliano Zapata y, ahora, Lázaro Cárdenas, de quien dice: ya no hay políticos así.


¿Qué diferencias ves entre Lázaro Cárdenas y la clase política actual?


Las diferencias son absolutamente radicales, no tienen nada que ver. Cárdenas, para empezar, era un estadista, estaba convencido de su papel histórico. En ese momento, sabía que requería retomar México, un profundo reparto agrario, pasar por encima de los tratados de Bucareli que revendieron el país a los norteamericanos a través del suelo y el subsuelo. Él sabía que para volver a controlar el país, requería el pulso social del mexicano, está en todos sus diarios una y otra vez.


¿De dónde le salió lo estadista?


Al escribir la novela, yo me lo pregunté muchas veces. No tenía una educación formal. Tuvo dos maestros; uno más hacia el lado social, socialista incluso, que le dio a leer a Marx, que fue Francisco J. Múgica. Y, curiosamente, leyó muchísimo sobre la Revolución francesa de la mano de Manuel Ávila Camacho cuando era su lugarteniente, a Mirabeau, a Voltaire. Pero lo de Cárdenas era más una intuición, casi yo diría, de animal político.


¿En qué sentido?


De decir cuáles son las fuerzas, cómo se están moviendo y cuál es mi papel. Hay un ejemplo de su forma de gobernar que consistía en ir al lugar y quedarse a vivir ahí hasta que se resolvía un conflicto. Piensa en el caso Ayotzinapa, si el presidente Enrique Peña hubiera dicho: "se trasladan los poderes a Iguala y hasta que no se resuelva este asunto no nos movemos de ahí", en lugar de irse a China. Cuando el problema con los regiomontanos, Cárdenas se fue a vivir a Monterrey.


¿De dónde le venía esta conciencia?


Era un grafómano, tenemos diarios de él desde los 14 años y ya entonces escribía: "yo tengo que cambiar este país, he soñado con cambiar este país". ¡A los 14 años! Un niño de un pueblo que se dedica a hacer rebozos, en Michoacán, que tiene una noción muy clara de que hay que modificar las cosas


¿Su rompimiento con Plutarco Elías Calles fue su declaración de independencia?


Sí, por completo, y el que menos lo podría esperar era Calles.


¿Fue una traición?


En todos los sentidos. Pero es una traición porque él siente, obviamente, que no va a poder gobernar y que le va a pasar lo mismo que le pasó a sus tres antecesores, pero particularmente a Ortiz Rubio. Se nos olvida que Cárdenas, cuando era gobernador de Michoacán, salió tres veces del gobierno a hacer distintas cosas: encabezar el partido y ser el secretario de Gobernación del "Nopalito" (así le decían a Ortiz Rubio, por baboso), y ahí se da cuenta de que con Calles no se negocia.


¿Se requiere traicionar al propio sistema para cambiarlo?


Yo creo que sí, si el control absoluto del sistema es unipersonal.


¿Realmente tiene algún heredero Cárdenas?


Yo creo que no, Lázaro Cárdenas no tiene herederos. Creo que pudo haberlo tenido no sólo en una persona, en su hijo obviamente, sino en la Corriente Democratizadora del PRI y luego en el PRD, pero terminó convirtiéndose en un partido tribal, que nada tiene que ver con la postura inicial de los renovadores del PRI. El partido que crearon no pudo cumplir con la función histórica que pudo haber tenido a partir de 1988.


En 2010, dijiste que México estaba peor que 100 años atrás. ¿Qué piensas ahora?


Estamos mucho peor. A la luz de los festejos del centenario de la Revolución y del bicentenario de la Independencia, en ese momento decía que México necesitaba un pacto social, que pasara incluso por discutir la Carta Magna.


Ahora, ¿necesitamos algo más que un pacto?


Los partidos políticos no eran confiables en 2010, pero son mucho menos confiables ahora, entonces el pacto social, lamentablemente, no puede venir de los partidos.


¿Y con quién se hace, entonces?


La posible esperanza es un frente común electoral en torno a un buen candidato ciudadano, quien debería comprometerse, a mi juicio, a una reforma integral del Estado que pase por convertir a México, por lo menos paulatinamente, en un país parlamentario y no presidencialista, con segunda vuelta, con mayor control del Congreso sobre las decisiones del Ejecutivo. No se trata de buscar una solución mesiánica.


¿Y existe alguien?


Lamentablemente, varios de los que veo han dicho que no; como Juan Ramón de la Fuente o, sobre todo, Pepe Woldenberg que, para mí, sería la persona ideal para encabezar esa transición.


¿Por qué?


Porque José Woldenberg es la persona en la que más confiamos todos los mexicanos. Si él encabezara, se subiría a ese carro la gente que piensa realmente en el país. Sería el candidato ideal para una transición democrática que nunca vivimos, porque tuvimos un cambio de poderes y el regreso del PRI, pero nunca vivimos la transición.


Lázaro Cárdenas se convirtió en una autoridad moral tras dejar la Presidencia...


Fue la única autoridad moral en México, ya en los años 60. Pero en los 40, gracias a él es que México no tiene un Guantánamo. Cuando fue secretario de guerra es que se impide, y está documentadísimo, la instalación de dos bases militares norteamericanas, una iba a estar en Quintana Roo y la otra en Baja California. Sólo ese acto de patriotismo de Cárdenas le vale, para mí, el lugar en la historia, más allá incluso de la expropiación.


¿Qué se necesita para que escribas una biografía de Enrique Peña?


Nunca. Se necesitaría que fuera otro biógrafo. A Peña no lo haría ni en novela. Cuando me he metido con personajes polémicos, como Porfirio Díaz, es porque creo que su contribución ha sido fundamental, aunque tuvieran muchos errores. No creo que Enrique Peña Nieto haya contribuido en nada al país. Al contrario, creo que lamentablemente recibió mejor el país de como lo deja.


¿Qué libro le recomendarías?


No lo va a leer, pero, bueno, que sea La evolución política del pueblo mexicano, de Justo Sierra, es un libro que todos los mexicanos deberíamos leer, pero habría que dárselo en audiolibro.


De los presidentes mexicanos, ¿cuál es el más fascinante?


Hay varios, por un lado, Guadalupe Victoria. En otro sentido, es muy fascinante y por eso lo noveló tan bien Enrique Serna, Santa Anna, un personaje fantástico en toda su miseria como ser humano.


¿Y el más ridículo de los presidentes?


Indudablemente Iturbide: no es presidente porque se hace emperador y contrata a quien llevó el protocolo de la coronación de Napoleón III. Victoriano Huerta es un personaje profundamente ridículo, en su borrachera y en su mariguanismo, pero también en su idea de que va a resolver lo que no resolvió Madero. Es un personaje patético. Miguel de la Madrid es ridículo por gris, pero en su grisura no nos dimos cuenta de lo que estaba pasando: la transformación tecnocrática de México. Él es quien entrega el país al neoliberalismo. En el caso del Presidente actual, yo no podría decir que es ridículo; Enrique Peña es tragicómico. Y estamos en un momento tan trágico de México que sólo pensar en lo ridículo del Presidente le quita responsabilidad.


Si Cárdenas viviera, ¿sería lopezobradorista?


No creo.


Cinco datos


1. Es integrante de la Generación del Crack, movimiento literario del que también forman parte Jorge Volpi y el recientemente fallecido Ignacio Padilla.


2. Autor de más de 20 novelas, libros de cuentos, ensayos y textos escolares, ha ganado el Premio Nacional de Historia (1998), el Xavier Villaurrutia y el Premio Latinoamericano de Ensayo René Uribe.


3. En 2005, fue designado rector de la Universidad de las Américas de Puebla, pero terminó abruptamente su gestión en 2007 tras varios conflictos con parte de la comunidad universitaria, entre ellos el haber censurado el periódico estudiantil La Catarina.


4. Palou es también chef y tuvo en Canal 22 el programa de cocina Alimentos terrenales.


5. Su más reciente novela es Tierra roja, una versión novelada de la vida de Lázaro Cárdenas.

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