Oaxaca.- El crucero del Parque del Amor es en realidad una decepción idílica. Al caos vehicular y peatonal hay que sumar la inseguridad, la basura y un paisaje desolador. Como en cualquier otro lugar de alto tráfico automotriz, el ruido y la contaminación ambiental son el complemento de un amor que raya en la locura.
La visión es deprimente. Casetas construidas con todo tipo de materiales, basura por cualquier lugar, un paso peatonal robado a la ciudadanía, un río contaminado y apestoso, guarida de malechores y malvivientes; en fin, el último lugar donde mujeres, personas de la tercera edad y hasta hombres, querrían tener como sitio de transbordo del servicio público de pasajeros.
Hombres y mujeres cruzan la barrera que delimita la banqueta de la carretera, para abordar las unidades de transporte público.
A eso hay que sumar el polvo que generan las obras fallidas del denominado Sitibús, que dejó la descuidada área verde convertida en una extensa zona de tierra suelta, que al menor paso del viento cubre todo de fino polvo.
Ofensiva comercial
En torno al crucero vial del parque, las casetas comerciales marcan y desdibujan el paisaje del lugar. Pero, además, los giros comerciales sólo son posibles en un mundo surrealista, pues apenas a unos metros, uno puede encontrar lo mismo un servicio de sanitarios, que unos churros, jugos, tortas, ropa deportiva y hasta productos para adelgazar.
LA INVASIÓN
El dirigente de locatarios Hugo Jarquín, promovió y ejecutó la invasión del parque.
Sin faltar los refrescos, chicles, memelas y demás. Así como basura y más basura.
Aunque el problema mayor es la alta incidencia delictiva en la zona, por desgracia las víctimas preferidas son las personas que esperan el servicio del transporte urbano para llegar al centro de la capital, el crucero de Niños Héroes de Chapultepec y Heroica Escuela Naval Militar o la central de abasto.
“Sí, aquí los robos de teléfonos celulares y bolsos son constantes, pero los maleantes están ligados a los caseteros; ¿cómo es que actúan con toda impunidad y no dicen nada? Pues porque saben quiénes son y o los tienen amenazados , por eso se quedan callados ante tanto atraco”, expresa una vecina del lugar que pide mantener su identidad en el anonimato, por temor a represalias.
Como sea, los espacios vacíos que las casetas dejan en lo que supuestamente es el parque, son escondrijos perfectos para los atracadores.
Transporte, una pesadilla
Los camiones del transporte urbano y suburbano se estacionan en la carretera hasta 15 o 20 minutos. FOTO: Carlos Román Velasco
El crucero vial del parque conecta destinos diversos del centro de la capital, además de permitir el acceso a las carreteras federales al Istmo, la Costa, la Ciudad de México y la central de abasto. Y tiene sus horas pico por la mañana, cuando los habitantes de los municipios de Zaachila, Cuilápam y Xoxo tienen que llevar a sus hijos a la escuela o ir al trabajo; así como por la tarde, a la hora de la salida. El ruido y la contaminación del aire alcanzan en esos horarios sus puntos más altos, pero a nadie parece importar.
Un problema grave en esta zona es la pérdida de tiempo de los usuarios del transporte público, por la necedad de esperar pasaje en las distintas vías. De hecho, los taxis colectivos que dan servicio a San Raymundo Jalpan, tienen su estacionamiento en plena carretera que da acceso a la colonia de San Juan Chapultepec. En ocasiones, hasta en doble fila estacionan sus unidades, que no continúan su ruta hasta no tener a los cinco pasajeros que transportan en cada viaje.
Enfrente, sobre la vía que va de Xoxo al centro de la ciudad, la situación no es mejor porque a pesar de que no es parada para el descenso y ascenso de pasaje, los camiones urbanos y suburbanos se detienen el tiempo necesario para llenar sus unidades; ya con cupo completo, inicia la carrera para ver quién llega primero.
También ahí es posible ver aparcados algunos taxis de la capital, es espera paciente de pasajeros.
La ubicación de una escuela primaria, del DIF estatal y de la Universidad Regional del Sureste, obliga a cientos de niños, jóvenes y personas con alguna discapacidad a tener que sortear las unidades de motor para llegar a sus destinos. Si a esto se agrega la constante falla de los semáforos, todos corren verdadero peligro.
Crucero mortal
Las rampas para personas con capacidades diferentes no son respetadas. FOTO: Carlos Román Velasco
Como ya es común, los transeúntes tienen que buscar la mejor forma de cruzar las vialidades. Todos corriendo frente a las unidades de motor.
Aquí, ni siquiera las rampas para las personas con discapacidad motriz son respetadas. Invariablemente, los conductores acercan su automóvil o autobús hasta el cruce de las cintas asfálticas, por lo que los conductores tienen que caminar sobre la carretera para cruzar.
Hasta el barandal de hierro que dividió en su momento la banqueta de la carretera que va de la central al periférico ha sido destruida, para que hombres y mujeres puedan ascender a los camiones o taxis foráneos del servicio público. Porque no todo es culpa de las autoridades o los servidores públicos, los ciudadanos también mantenemos costumbres que nos complican la vida en sociedad.
Lo único agraciado de todo el lugar, es el pórtico de lo que alguna vez fue el puente peatonal Porfirio Díaz, construido en tres arcos sostenidos sobre anchas bases cuadradas, con el remate de una pequeña bóveda.
Pero la visión es efímera, pues tan sólo uno se para frente al acceso, la disposición de puestos, la suciedad, los olores fétidos, el ambiente de inseguridad y lo cerrado de la zona, sólo invitan a salir huyendo.
LOS MAYORES PROBLEMAS
- Anarquía vehicular y peatonal
- Inseguridad
- Basura
