La llegada del presidente Enrique Peña Nieto y su comitiva a Mazatlán el miércoles 5 no sólo tuvo como propósito visitar a los militares heridos en la emboscada del 30 de septiembre, a raíz de la cual también murieron cinco soldados, sino también para pedir cuentas al gobierno estatal, pues los informes sobre la gran corrupción que impera en las corporaciones policiacas locales son conocidos en Los Pinos.
Luego vino la reunión privada. Y los reclamos por la falta de coordinación derivada de la gran corrupción en el seno de las corporaciones policiacas.
Las autoridades castrenses expusieron que el propósito del ataque fue rescatar a Julio Óscar Ortiz Vega, El Kevin, el segundo de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, quien presuntamente lo envió a la sierra con apoyos financieros y armamento para Aureliano Guzmán Loera, El Guano, quien encabeza la defensa de aquella zona contra los Beltrán Leyva.
Cuando le informaron al presidente que las policías estatales y municipales trabajan para el crimen organizado, él volteó a ver al secretario de la Defensa, quien respondió: “Sí. Ya tenía conocimiento de eso”.
También se enteró de que, antes de ser rescatado, El Kevin alcanzó a declarar que las heridas de bala en el hombro y la pierna las recibió de los militares durante el intercambio de disparos en el retén instalado en las cercanías de Bacacoragua.
30 de septiembre, ocurrió la emboscada
5 militares asesinados
En ese encuentro, de acuerdo con las fuentes consultadas por Ríodoce, la orden del presidente Peña Nieto fue atacar todas las estructuras del Cártel de Sinaloa sin distingos, lo mismo a Los Chapos que a la gente del Mayo Zambada y a Los Dámasos.
Un día después de la visita presidencial llegaron a Mazatlán 100 policías federales, mientras en la sierra elementos de la Marina y el Ejército seguían tomando posiciones en la zona disputada por los Guzmán y los Beltrán Leyva.
Hay inconsistencias en las primeras averiguaciones sobre el cruento ataque contra militares.
Testimonio cuestionado
El testimonio de María “N” sobre “el combate” de la madrugada del 30 de septiembre es rechazado por el gobierno de Sinaloa, que una semana después emprendió una intensa campaña mediática para desmentir a los ciudadanos que afirman que la ayuda nunca llegó.
María y su hija amanecieron escondidas debajo de la cama. La madrugada del 30 de septiembre, dicen, la balacera duró más de media hora. Ella vive a 300 metros del lugar donde un grupo delictivo emboscó a un convoy militar, provocándole cinco bajas y 11 heridos.
A los 10 minutos el combate cesó. María bajó al primer piso por su teléfono celular y volvió a subir. Despertó a su esposo, quien le ordenó regresar abajo de la cama. En ese momento el combate reinició, aunque con menos estruendo. Diez minutos después hubo una tregua, pero las balas volvieron.
