Por falta de condiciones de seguridad para salir de sus países, ningún escritor, de los 70 que se tienen proyectados para recibir refugio en Oaxaca, ha podido llegar a la Verde Antequera.
A más de un año de que el Centro de las Artes de San Agustín (Casa) –fundada por el filantropo, Francisco Toledo– fue declarado hogar para escritores refugiados, los cuatro candidatos; dos iranís y una pareja de Marruecos, no pudieron abandonar sus ciudades de origen, las causas: persecución y hostigamiento.
México es el único país de América que desde hace 15 años ofrece un hogar a escritores del mundo que sufren censura en sus ciudades de origen o que viven persecuciones políticas.
Se trata de las casas refugio Citlaltépetl y Hankili, donde africanos, sirios, iraquíes y serbios han encontrado un lugar para escribir de forma libre y hoy son modelos de casas que se replicarán en Sudamérica y desde marzo de 2015 se suma a esta lista la casa refugio de Oaxaca.
Guillermo Quijas Corzo, director de la Feria Internacional del Libro (FILO) proyecto que junto con el Fondo Ventura auspician el principal financiamiento de la casa refugio para escritores en el CaSa, lamentó que estas candidaturas se hayan caído, ante el incremento de la violencia.
“Estamos esperando una nueva candidatura de un escritor perseguido para que pueda llegar a México y Oaxaca. La salida de su país debe de estar garantizada bajo condiciones de seguridad… y es ahí donde hemos encontrado mayores problemas por el incremento de la violencia”, indicó.
Para la elección de los escritores, la agrupación International Cities of Refuge Network (ICORN), organismo encargado de administrar las ciudades refugio para escritores en el mundo realiza el proceso de selección dentro de los nombres de una red de participantes, con el consentimiento de ellos inician los trámites con migración en México, y después los canalizan a la casa refugio asignada.
Para que la casa refugio de Oaxaca pudiera ser una realidad, la FILO y el Fondo Ventura pagaron una cuota de dos mil euros a ICORN, además se encargan de cubrir los boletos de avión de los participantes.
Por su parte, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) junto con la Fundación Alfredo Harp Helú asumirá los gastos de alimentación, seguro médico y las clases de español.
En su totalidad operar esta casa refugio representará al menos 350 mil pesos anuales.
