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Innovan oaxaqueños con alebrijes… pero no hay ventas

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN MARTÍN TILCAJETE, Ocotlán, Oaxaca.- La temporada vacacional y la Guelaguetza dejaron malas cuentas en este municipio donde la mayor parte de su población se dedica a la elaboración de albrijes, colorida artesanía de caprichosas figuras de madera de copal.


A Francisco Fabián le preocupa la situación; dice que apenas un 20 por ciento de turistas habría llegado a visitarlos y realizar compras en el marco de las fiestas de los Lunes del Cerro.


Él es uno de los reconocidos artesanos que ahora innovó y utiliza troncos varios para crear otras figuras gigantes, que llegan a cotizarse hasta en 60 mil pesos, y aplica técnicas nuevas tanto en el tallado como en la pintura.


Sin embargo, no ha requerido ni ha tenido apoyo de la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico (Styde) y sus logros han sido prácticamente producto del esfuerzo familiar.


Prácticamente la totalidad de habitantes de esta localidad del distrito de Ocotlán combina su actividad agrícola con la elaboración de trabajos artesanales; incluso participan los niños en tareas menores. A lo largo de la avenida principal y calles aledañas al centro, se encuentran diversos locales donde se expenden las coloridas figuras.
 



Creadores fantásticos


Tilcajete es una pequeña localidad que se localiza a unos 23 kilómetros al sur de la capital del estado; con ancestros zapotecas, cuenta también con zonas arqueológicas poco exploradas, que aún se encuentran cerradas al público.


Pero la actividad que llama la atención es la elaboración de figuras fantásticas de madera de árbol de copal, con imágenes de todo tipo de animales así como combinación de varias especies, que son pintadas manualmente.


Cada año, para promover la actividad, las autoridades estatales realizan una feria en la que en un solo espacio varios creadores ofrecen sus piezas. Pero en este 2016 todo fue distinto.



 

Ni las moscas


Uno de los muchos negocios en la avenida Oriente de la comunidad es Iván Fuentes y Mayté, del que dependen por lo menos 10 personas de una familia. Una exposición bien cuidada y distribuida, con amplios espacios, es la oferta al visitante.


Pero ni eso ha atraído a los clientes, dice la encargada del local, Maribel: “En la Guelaguetza no se presentaron ventas, por los bloqueos; eran pocos los turistas que entraban; en comparación con años anteriores, llegaron muy pocos, esperábamos más personas, casi no hubo ventas”, platica la joven.


Señala que por generaciones, su familia se ha dedicado al trabajo artesanal, del cual incluso obtuvieron reconocimientos, pero eso no ha valido para la llegada de visitantes.


“Nosotros quisiéramos que llegaran más turistas, pero las protestas lo impiden. Ojalá que los que protesten piensen en que nosotros también tenemos que comer, dependemos de esta actividad”, dice.



Palabras similares tienen los habitantes que cruzan por las calles, como doña Alejandra, quien dice que años atrás Tilcajete bullía.


“Qué esperanzas con este año; por culpa de los maestros ahora no hay dinero en el pueblo, por eso mucha gente prefiere irse al norte. Aparte el campo ya no da, por más que nuestra gente trabaje, se esfuerce desde la madrugada, poco se puede hacer”, señala.


Lamenta que la Sección 22, como las organizaciones sociales que la respaldan, se dediquen a echar a perder la vida a los demás, en lugar de ayudar a la gente más necesitada.
“Ya quisiéramos ver a esos maestros en el campo, en la faena; ya quisiéramos verlos con la yunta, arando, desyerbando, barbechando; pero no, lo único que saben hacer es cerrar calles y bloquear y dañar a su prójimo”, se lamenta.
 


Y sin apoyos


Francisco Fabián Ojeda se inició en este arte desde los 18 años y hoy es reconocido a nivel internacional; incluso sus piezas de colección han llegado a Alemania y a otros países de Europa y Norteamérica.


Toda la familia apoya la actividad y recientemente incursionó en la decoración y elaboración de piezas talladas, por exigencias de los propios clientes. Las obra de gran tamaño las comenzó por accidente, platica, al encontrarse un tronco de madera en desuso, al que decidió darle forma.


Posteriormente tomó cursos de carpintería y hoy elabora trabajos de hasta un metro o más de altura o longitud, en su mayoría bajo pedido por parte de coleccionistas; la pintura con que los decora ya no son los clásicos puntos y rayas de colores, sino ahora en su mayoría inspiraciones zapotecas, con personajes, animales, grecas y dioses.


Aunque aún elabora también las piezas comunes, del palo de copal, material que cortan en el cerro La Cuesta, donde cada año los mismos pobladores realizan reforestaciones de cinco mil a 10 mil árboles.


Pero, a pesar de ello, las ventas no llegan: “Haga de cuenta que de un cien por ciento, cayó un 80 por ciento, si no es que más; en la supuesta temporada alta, hubo días en que no se vendió nada; hubo poco turismo; no llegó ni siquiera por la feria, y los pocos que llegaron eran nacionales o locales”.



 


Lamenta que las manifestaciones y bloqueos sigan dañando a la población en general:


“Esperamos que se solucione el problema, queremos que mejoren las ventas; la economía ha bajado y los que sufren son los niños; ya vienen los gastos, si no hay turismo, no tenemos ingresos”.


 


 

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