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Verde esperanza: lluvias benditas para el campo oaxaqueño

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

SAN JOSÉ GUELATOVÁ, Zimatlán de Álvarez, Oaxaca.- Las primeras aguas han renovado las esperanzas de los hombres del campo de este pequeño pueblo zapoteca en la tierra, ya que estas son, en su mayoría, de temporal.


Aunque la apuesta no es tan asequible, porque año con año son más tristezas que alegrías las que dejan las erráticas lluvias, a causa del cambio climático global; más aún cuando los trabajadores de la tierra carecen de algún financiamiento de los gobiernos federal y estatal.


“Ahí vamos otra vez, a ver cómo nos va este año”, afirmó don Platón Venegas Aquino.


Ya sembraron maíz


La mayoría de los labriegos empezaron a limpiar y a preparar la tierra para sembrar maíz el día de San Antonio, 13 de junio pasado, cuando empezaron a caer las primeras lluvias.


“Ya estamos sembrando, porque en esta fecha se tiene buena cosecha, pero necesitamos las lluvias”, asentó; pues la gran parte de la superficie de cultivo de esta comunidad no cuenta con riego, salvo algunas cuantas parcelas.


“Hay buenas tierras; pero si no hay lluvias, nada más no hay cosecha. Desafortunadamente no tenemos recursos para poner el (sistema de) riego."


Mala experiencia


Esa fue la realidad vivida el año pasado, cuando la cosecha fue limitada por la falta de lluvias y la extrema sequía.


“No se dio bien, no tuvimos casi nada por la falta de agua.”


A pesar de esto, los campesinos se han arriesgado nuevamente, porque no hay otra opción para ellos. La labranza de la tierra constituye su única forma de vida.


“Desafortunadamente es lo único que sabemos hacer. No tenemos ayuda del Gobierno ni de nadie. Aquí seguiremos."


Cultivan miltomate


Don Antonio Hernández Sumano, otro campesino de la comunidad, no se aventuró por sembrar maíz sino miltomate, aunque también requerirá de las lluvias.


“Cuando la planta está en floración, al mes de sembrada, es cuando se necesitan las aguas; si no, ya no se pudo".


Aunque las primeras lluvias humedecieron la tierra y empiezan a aflorar las plantas, urge una nueva precipitación que llegue en menos de un mes.


“Estas tierras son gruesas y aguantan la falta de lluvia, pero aún así va a necesitar que se mojen pronto."


Lamentablemente, pocas son también las tierras con riego que se destinan a la siembra del miltomate, y nulos son los apoyos que reciben de las Ejecutivos federal y estatal.


La única opción


“El campo está por los sueltos, literalmente. El fertilizante está demasiado caro. En mi caso, tengo que comprar seis bultos, cada uno a 440 pesos, para tres cuartos de hectárea, sin ayuda del Gobierno ni de nadie."


Además, el precio del miltomate fluctúa cada año porque no existe un precio fijo o de garantía para su comercialización.


“Cuando hay buen precio, vendemos el kilo de 15 a 20 pesos en los mercados de Oaxaca, Zimatlán y Ocotlán; pero cuando no, a veces a dos kilos por 10 pesos. Desafortunadamente eso nos ha sucedido cuando hay buena cosecha."


Sin embargo, el campo constituye la única alternativa para los habitantes de la comunidad, pese a que son más las pérdidas que las ganancias, consecuencia de las escasas lluvias.


“Ya no es negocio el campo, pero no tenemos otra alternativa. Si no es el campo, no hay otra opción”, finalizó.


San José Guelatová


El nombre de Guelatová se originó cuando los primeros habitantes se independizaron para formar un pueblo. La palabra Guelatová está escrita en zapoteco y se deriva de Guela, que significa “hoja”, y Tove, que significa maíz. Por tanto, Gelatová significa “Maíz envuelto en su hoja”.


San José Guelatová fue fundado hace aproximadamente tres siglos. Aunque no se sabe con exactitud, se cuenta que el pueblo fue habitado poco a poco y no por un fundador en especifico. El territorio era una zona prometedora, ya que contaba con una gran vegetación. Parte de sus primeros pobladores fueron personas provenientes de lo pueblos vecinos ya formados, a quienes les gustó el lugar para sembrar.


De esta manera, el pueblo fue creciendo poco a poco, y con él surgieron las riñas entre los habitantes por el derecho de tener mayor territorio que otros. Fue así como la gente se dividió en dos ranchos. El primero era el rancho San José, llamado así por haber encontrado al santo en el río Atoyac, ubicado a las orillas del pueblo. A San José decidieron hacerle una iglesia y lo consideraron el patrón del rancho.


El segundo era el rancho Guelatová de Díaz, ya que el fundador fue el señor Ruperto Díaz. Al querer adoptar un patrón al cual venerar, decidieron hacerle una capilla a la Virgen del Carmen, pero debido a un temblor que hubo en ese año, la construcción quedó a medias.


La gente creyó que era una señal divina para que el pueblo se uniera de nuevo y evitaran problemas. Así lo hicieron y adoptaron el nombre de los dos ranchos, llamándo al nuevo territorio San José Guelatová de Díaz.

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