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Los demonios andan sueltos en Coyotepec

Foto(s): Cortesía
Redacción

SANTA MARÍA COYOTEPEC, Oaxaca.- Como si fuera un día de asueto, ayer, en la escuela primaria de Santa María Coyotepec no hubo clases. En la secundaria, los salones se reportaron con una asistencia inferior al 70 por ciento; los niños y jóvenes se concentraron en un sola idea: por tan sólo unas horas “dejar huella” y formar parte de la historia de su comunidad.


Niños, jóvenes y adultos, nadie quiso perderse la fiesta. Cada quien, a su manera, esperó la llegada del mediodía, cuando los cachudos se sueltan y recorren las principales calles del pueblo.


Anda suelto el diablo


En Santa María Coyotepec, este jueves estuvieron de fiesta, y los diablos que anduvieron sueltos, salieron en estampida humana por las calles.


Esta es la tercera ocasión en la que Rafael participa de esta actividad; durante todo el día en honor al santo patrón, San Pedro y San Pablo, cambia sus ropas por la indumentaria de un diablo, representando el sincretismo católico y el sentido de las fiestas ancestrales; así como la lucha entre el bien y el mal.


A sus quince años de edad, trabaja con maquinaria pesada; de esa forma apoya con el sustento económico a su hogar. Además, obtiene el dinero para comprar lo necesario para su traje y el de su hermano. En esta ocasión gastó 500 pesos, casi la mitad de su sueldo semanal.


“Esto es parte de nuestras tradiciones, tiene muchos años, desde los tiempos de nuestros abuelos. Es nuestro deber que continúe”, indicó.


Desde muy temprana hora, Rafael –junto con otros 34 niños y jóvenes– dio los últimos detalles a su indumentaria. Para este año, los diablos decidieron teñir sus máscaras, pieles, faldas de ixtle y zapatos de colores negro y amarillo.


Continúan la tradición


Leonardo René Ruiz López, uno de los representantes de los cachudos, señaló que pese a los nuevos tiempos que se viven en la población, ha trabajado desde los 10 años para continuar preservando esta tradición.


"A nosotros nuestros padres nos heredaron esta fiesta, y ahora es nuestro turno de cuidar nuestro legado", dice.


Reconoció que este año varios niños despertaron su interés por formar parte de esta tradición: “Esta vez en nuestro grupo hay muchos niños, pero eso es bueno, se trata de transmitir tradiciones y parece ser que lo estamos consiguiendo”.


Tal es el caso de Lalito, quien a sus cuatro años de edad participa en esta actividad. Se trata del cachudo más pequeño. Corre de un lado a otro con su traje, perfectamente adecuado a su cuerpo. Se emociona igual que los más grandes y trata de imitar los gritos que sus compañeros dan, aunque falla. Él sale a hacer diabluras igual que los demás.


Justin Vicente es otro de los más pequeños de la agrupación. A sus nueve años es la primera ocasión que participa en los cachudos. Tiene amigos que lo contagiaron de entusiasmo y sus papás lo apoyaron para hacer el traje.


Ayuda de todos


Francisca López Castillo fue mayordoma de esta fiesta a finales de la década de los 90. Después de más de 20 años, reconoce que las costumbres y tradiciones en Santa María luchan para conservarse. Es una tarea de todos, asiente, porque sin el apoyo de todos los habitantes esto no sería posible.


“Hace años, quienes salían a las calles a hacer diabluras eran los papás, incluso los abuelos de quienes ahora se divierten como diablos. Esto tiene vida porque se ha ido heredando y ahora nuestros jóvenes son quienes asumen esa responsabilidad”, manifestó.


En el ruedo


Ya en la calle, la “manada” de cachudos hace diabluras a los curiosos que se asoman por las rendijas de su casa. Otros más tratan de esconderse detrás de los postes de luz o de los árboles. Nadie se salva de llevarse un susto, aunque son maldades inocentes, pues como primer orden de día, los cachudos acuden a la iglesia, donde se arrodillan ante su santo patrón, como muestra de respeto y pidiendo autorización.


Los cachudos participan en las carreras de caballo, y la "lazada del pollo", actividad en la que los jinetes o diablos participan para alcanzar con un mecate a un pollo colocado a una distancia de unos 7 metros de altura. Para ello, cada participante tiene que cooperar con 30 pesos o con un pollo vivo y de esta forma tener más cantidad de animales e incentivos para los ganadores.


Por las cosechas y Santa Isabel


Emilio León Zurita, cronista del pueblo, señaló que el carnaval de los cachudos se celebra en dos momentos diferentes: durante la celebración en honor a San Pedro y San Pablo, y durante la fiesta de Santa Isabel, quien fuera reina de Portugal, personaje que apoyó el desarrollo de los pueblos más pobres, y que además es venerada en la población.


Además, a este festejo que encierra "las diabluras" de hombres de todas las edades, se une la tradición prehispánica de ofrendar para que la temporada de lluvias sea favorable a las cosechas, fusionándose y dando como resultado esta celebración polifacética entre la tradición católica y la heredada por sus descendientes prehispánicos.

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