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Añejo sueño altruista: el hospicio de la ciudad de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

Oaxaca.- El primer hospicio de la ciudad de Oaxaca de Juárez fue la materialización de un sueño altruista. A principios del siglo 19, el año, 1813; al morir el español don Pedro José de la Vega, testó 91 mil pesos para la fundación de un hospicio.


El doctor Severo Cervantes reseña en una nota que presuntamente de la Vega ejercía derechos de mayorazgo, porque cuando su hermana se casó con un insurgente, a quien don Pedro no estimaba, dictó su testamento desheredándola y comisionando a la Mitra o en su defecto a la Corporación Municipal de Oaxaca para fundar y sostener un hospicio con recursos fincados en diversas propiedades.


El estado contra la Iglesia


En el Pequeño Diccionario Enciclopédico de Oaxaca, de Manuel Zárate Aquino, se cita que Pedro José de la Vega nombró albacea de su sucesión a su esposa doña Francisco Valera, con instrucciones precisas de que, del acervo hereditario, se destinará la cantidad necesaria para fundar un hospicio para los niños desamparados.


A la muerte del señor de la Vega el 11 de noviembre de 1831, su viuda escrituró ante un escribano un capital de 89 mil 290 pesos, una verdadera fortuna, para fundar el hospicio y lo puso en manos del cabildo eclesiástico, mismo que invirtió algunos capitales en auxiliar los hospitales de San Cosme y San Juan de Dios.


En 1844 fue designado obispo de Oaxaca don Antonio Mantecón e Ibáñez, a cuyas manos pasó el dinero destinado al hospicio, obra que no se realizaba y, por otra parte, el dinero destinado a tal fin iba disminuyendo.


Tres años después, 1847, Benito Juárez García, gobernador del estado, consideró que era indispensable invertir el dinero en auxilio de los pobres y designó al abogado Manuel Ruiz, secretario de gobierno, para que conferenciara con el obispo Mantecón a fin de realizan la fundación del hospicio.


Tres solicitudes de audiencia


El secretario de gobierno sufrió la humillación de no ser recibido por el obispo, quien a la solicitud de audiencia le mandó decir que no se metiera en ese negocio. Por segunda vez solicitó audiencia el funcionario público, obteniendo una rotunda respuesta negativa .


Entonces el secretario de gobierno se hizo acompañar de un regidor y del síndico del ayuntamiento, Manuel Dublán y el obispo ya no se negó a recibirlo. Sin invitarlos a sentarse el obispo Mantecón, sentado en su politrona, dijo al representante de Juárez: “recibí su recado poco comedido y precisamente ello me obliga a contestarle, manifestándole que no reconozco en el yopito que gobierna Oaxaca autoridad superior a la mía y como consecuencia, no puedo ni debo tratar con él ni con usted el asunto que nos entrevista”.


Manuel Ruíz contestó: el que ha estado poco comedido con el representante del gobierno oaxaqueño es usted, que ha dado muestra del poco respeto que le tiene y se retiró.


Juárez enterado de lo ocurrido envió al obispo Mantecón la siguiente misiva: “comprendo bien padre obispo que la fundación del hospicio no se llevará a cabo porque el clero no soltará de sus manos los fondos que dejó el benefactor, pero sepa usted que si hoy aprovecha la preocupación religiosa que le da superioridad, llegará el día en que esa ficticia superioridad de la que usted hace alarde para despreciar al gobierno quede para siempre bajo la férula del poder civil, que es como debe estar, Dios le dé vida a usted para que lo vea y a mí para que lo haga notar”.


No llegó a verlo el obispo porque murió el 11 de febrero de 1852.


El capital en disputa estaba fincado en la casa número 1 de la primera calle de Guerrero, residencia del obispo, en la Hacienda de Mantecón, después rematada por el gobierno federal a la familia de la Cajiga;  la hacienda de La Soritana en Ejutla de Crespo, adjudicada a Manuel Larrazábal;  la de Valdeflores, San Nicolás las Casitas de Vega y otras fincas urbanas enajenadas por el clero antes de la Reforma y la Ley de Desamortización de Bienes.


LA OBRA


Sin embargo, el sueño de don Pedro José no desapareció, pero sí su riqueza. En 1873 el señor Francisco Vasconcelos, secretario particular del gobernador Miguel Castro, le propuso al jefe del poder Ejecutivo el establecimiento de un hospicio para recoger a los mendigos y los niños abandonados, evitando a la vez el abuso de los que mañosamente explotaban la caridad pública.


El gobernador nombró entonces una junta de personas notables que al poco tiempo reunieron 400 pesos para dar principio a la obra y don Francisco Vasconcelos, ya secretario del Ayuntamiento de Oaxaca, contando con la ayuda del jefe de la Hacienda, Manuel Tomás Orozco, pudo conseguir que el gobierno federal cediera para el hospicio el ex Convento de la Soledad, obtuvo también una subvención del gobierno del estado y una mesada de los comerciantes y propietarios de esta ciudad.


De esta forma, el hospicio fue inaugurado el 1 de julio de 1874 con otros recursos, pero con el nombre de De la Vega, en memoria de la idea inicial del noble filántropo español.


Su sostenimiento y existencia se debieron en gran parte a las ideas, gestiones y buen manejo de caudales de don Francisco Vasconcelos, quien en varias ocasiones, ya como secretario del Ayuntamiento, caballero particular y después como jefe político del centro, veló por la existencia del hospicio.


Se inauguró con 14 pobres de solemnidad y 26 hospiciados, “por adolecer de enfermedades no contagiosas y por senectud”.


La nueva sede


A fines del siglo 19 el malogrado abogado Luis Díaz Ordaz, poco antes de morir, dispuso su patrimonio a favor del hospicio y, en consecuencia, el Ayuntamiento recibió 20 mil pesos. Poco tiempo después, don Francisco Vasconcelos, que parecía destinado en todo el tiempo a mejorar la institución, fue electo presidente municipal, con ese carácter adquirió un millón de metros cuadrados de terreno en el vecino pueblo de Xochimilco, por el lado norte de la ciudad, por el módico precio de 7 mil pesos.


En el centro de lo que fue la denominada colonia Díaz Ordaz se construyó el edificio del Hospicio de la Vega, mismo que se mantuvo con las rentas de los terrenos fraccionados.


La primera piedra fue colocada en el año de 1906 y la inauguración se efectuó el 15 de septiembre de 1908, siendo el invitado de honor el gobernador Emilio Pimentel.


La obra tuvo un costo de 32 mil 198 pesos y la Comisión Directora de Asilos estaba formada por los regidores Ángel Ortega y Severo Cervantes.El declive del hospicio


En 1947 el hospicio se convirtió en el Internado Infantil de la Vega y asistía a 36 niños


En diciembre de 1987 Manuel R. Palacios ofreció la posibilidad de recuperar y adaptar para el Archivo Histórico Municipal parte del inmueble denominado ex Hospicio de la Vega, idea que apoyaron funcionarios del gobierno del estado y el ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca de Juárez.


Durante el gobierno municipal de Fernando Gómez Sandoval, 1970-1974, el inmueble se encontraba ya en desuso y fue vendido a un particular, que poco a poco fue fraccionando todo el inmueble.


"...llegará el día en que esa ficticia superioridad de la que usted hace alarde para despreciar al gobierno quede para siempre bajo la férula del poder civil, que es como debe estar":
Benito Juárez García al obispo Antonio Mantecón e Ibáñez.


ESCUELA CORRECCIONAL
En 1899, el gobierno del estado convirtió a el Hospicio de la Vega en escuela correccional, trasladando al grupo de niños y ancianos a otra casa, bajo la inmediata dirección del Consejo Municipal.
LOS BENEFICIARIOS
En 1877 el hospicio tenía una población que fluctuaba entre 80 y 100 personas, niños y adultos de ambos sexos, y los fondos mensuales que se empleaban era de 280 a 301 pesos provenientes del estado, municipio y particulares.
EL JARDÍN DE LA CARIDAD
El Hospicio de la Vega se construyó en la colonia Díaz Ordaz, en medio de un jardín llamado Parque de la Caridad.

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