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Plantón magisterial: laberinto abandonado

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca.- Pasan de las 10 horas. El sol en todo su esplendor obliga a la breve representación magisterial a resguardarse bajo las lonas que están, una sobre otra, amarradas con mecates amarillos que van de norte a sur y de este a oeste... el Centro Histórico de la ciudad es un laberinto.


Mientras los ciudadanos cruzan en un leve trote, sorteando uno tras otro los botes plásticos rellenados con orines, y mirando con recelo a los manifestantes, el lugar es para los turistas una gran fiesta.


Claudia y Owen, una pareja de norteamericanos jubilados, caminan de la mano con mochilas de acampar al hombro. Los mecates les llegan al pecho.  Al ritmo de la marimba que entona Clocks, una canción del grupo inglés Coldplay, los visitantes llegan moviendo los hombros entre risas y disimulados aplausos, frente al atrio del templo de San Agustín, en las calles de Guerrero y Armenta y López.


Ahí, contra esquina del edificio sindical de la Sección 22, los maestros que quedaron vigilando casas de campaña mientras los demás cumplen con el menú de protestas del día, bailan, se cortan las uñas, duermen la siesta y conversan. Con cámaras de bolsillo, los visitantes toman las fotos del recuerd sin que los trabajadores de la educación se inmuten.


La melodía que suena y contagia a los transeúntes se combina con las ofertas del día, gritadas a todo pulmón por los entusiastas vendedores sindicalizados: "¡Viajes a México! ¡A 250! ¡Aceptámos dólares, güera!", se oye desde la taquilla azul.


Claudia, con un raspado de durazno en mano -el cual adquirió unos 20 metros antes- rechaza la oferta, pronuncia como puede su única frase en español -"Muchas gracias"- y sigue su camino. Adelante, vendedores de dulces, cigarros, cacahuates y fruta, aprovechan para ofrecer los productos que resguardan entre las lonas azules, a tono con el cielo iluminado.


Los olores de la comida que se vende de esquina a esquina se combinan con los del plantón instalado desde hace 11 días, y que amenaza con quedarse: heces, orines, zapatos, sudor y toneladas de basura. Los pasos de la pareja visitante se alejan del campamento magisterial. Bajo el sol, sus blancos pies, cubiertos apenas por sandalias, dejan poco a poco de repetir el compás de las melodías que amenizan el rostro de una lucha que ha convertido a la Verde Antequera en un laberinto que suena al son de la marimba.

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