A sus siete años tiene la estatura de un niño de cuatro. Marcos nació con hipoplasia femoral bilateral y luxación de cadera. La discapacidad lo hace ir despacio, pero no lo frena; la precariedad en la que vive lo coloca frente a un doble reto pero no lo vence.
Es el quinto de seis hijos. Vive en San Pedro y San Pablo Tequixtepec, municipio ubicado a más de cinco horas de la capital del estado. Cada dos o tres meses, según sea requerido, emprende el viaje para recibir terapia en el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT).
Su padre, Marcos Olivera Amador, se dedica al trabajo en el campo, labor por la que gana 120 pesos en una jornada. La familia ralla en la pobreza extrema, pues con el ingreso que percibe, cada uno de los ocho integrantes tiene que sobrevivir con 15 pesos al día.
La rehabilitación
Padre e hijo llegaron el pasado lunes a la capital del estado para continuar con el tratamiento de rehabilitación. Ambos aguardan en la sala de espera en donde las voces y risas infantiles corren, brincan, saltan, dan vuelta y estallan a lo largo del pasillo.
El pequeño Marcos camina con agilidad, contrario a todos los pronósticos que al momento de nacer aseguraron que no lograría ponerse de pie. "Mi hijo camina y hasta sabe andar en bicicleta", señala Marcos Olivera, quien tiene 35 años de edad.
Algunos de los diagnósticos dados a la familia señalaban que Marcos había nacido con el síndrome de los huesos de cristal. La valoración médica no convenció a la familia, quienes decidieron solicitar una segunda opinión que fue atendida en el Hospital Civil Doctor Aurelio Valdiviseso.
"Nosotros supimos que algo no estaba bien desde que Marcos nació. Era un niño muy pequeño, prácticamente cabía entre la mano y el antebrazo". Una vez teniendo el diagnóstico concreto fue canalizado al CRIT en donde recibe un conjunto de terapias, estudios y placas a bajo costo.
Conjunto de beneficios
A través de un estudio socioeconómico se determina la candidad que cada paciente deberá aportar, recurso que va desde los 100 hasta los 150 pesos por un conjunto de beneficios.
Marcos recuerda que durante la última visita no contaba con el suficiente dinero para poder solventar todos los gastos, pues además también implica el costo de traslado, albergue y alimentación por una semana.
De manera eventual, la madre de Marcos también es contratada para la realización de labores domésticas por las que recibe otros cien pesos de ingresos o cincuenta pesos por medio día.
"Eso les expliqué aquí, que no contaba con el suficiente dinero. Afortundamente siempre ven la manera de que nuestros niños tomen las terapias o estudios que requieren para poder seguir avanzando en su recuperación", expresa.
Para poder llevar a su hijo a terapia, Marcos requiere ahorrar dos mil 500 pesos. Algunas ocasiones, el trabajo que realiza como jornalero no alcanza para poder juntar lo necesario, así que recurre al préstamo con familiares o al único banco en donde tiene acceso a préstamos aunque con mayores intereses.
"En casa tengo seis hijos y tenemos que ver la manera de que alcance el dinero para todos y para no dejar las terapias porque sabemos que eso le va a permitir a nuestro hijo ser independiente el día en que nosotros ya no estemos vivos".
Atención de calidad
Para Marcos, la existencia del CRIT en la vida de su hijo es fundamental, debido a que la atención que recibe es "de calidad, integral y con amabilidad". Por ello considera que las campañas emprendidas en contra de la donación al Teletón, más que afectar a una empresa o persona, se daña a los beneficiarios quienes no tendrían otro espacio al alcance de sus posibilidades.
"Las personas que no creen en el beneficio del CRIT deben de venir y conocer el lugar. Hay personas que lo necesitamos y sería bueno que las personas que no tienen una discapacidad apoyen al CRIT o al menos que no lo ataquen".
En la actualidad, el CRIT atiende a 1 mil 200 niños y niñas aquienes acuden regularmente a su terapia en promedio 80 veces al año. En sus inicios, el centro de rehabilitación atendía a 350 infantes.
Recientemente, debido a una baja en la donación, el centro tuvo que realizar una reestructuración en el personal sin afectar al número de niños y niñas del padrón.
La situación por la que atraviesa el CRIT es difícil, afirmó la directora María Elena Marrufo; sin embargo, aseguró que no se tiene contemplado el cierre del lugar.
Pequeños pasos, grandes logros
La sonrisa de Marcos hijo se enciende en su rostro moreno. La alegría que irradia tiene sabor a éxito porque a pesar de la hipoplasia femoral que se manifiesta en un crecimiento anormal de los huesos de las piernas, corre, brinca, anda en bici y juega al futbol. Ha aprendido también a vestirse solo, atarse los zapatos, calzarse, enfrentar una caída y levantarse.
La terapista sostiene uno de sus pies de Marcos hijo, mientras que el otro queda clavado al suelo. El ejercio busca lograr un mejor equilibrio al andar.
Por otro lado, las terapias psicológicas recibidas le han ayudado a estar conciente de que es un niño que es capaz de lograr lo que se proponga, teniendo siempre en cuenta el autocuidado. Sabe que puede saltar pero que no tiene que hacerlo más allá de lo que soporta su cadera; puede jugar, pero sabe que no en deportes de contacto.
Las cifras de la discapacidad
En México, 144 mil niñas y niños 0 a 6 años de edad presentan alguna discapacidad, es decir el 1 por ciento de la población a nivel nacional.
La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) 2012 establece como principales limitaciones en la población infantil, caminar (22 por ciento), ver (18.5 por ciento), hablar (17.1 por ciento) y poner atención (16 por ciento).
Aproximadamente, 564 mil niñas y niños (de 0 a 14 años) tenían dificultades para realizar actividades de la vida cotidiana. Ellos representaban el 1.7 por ciento de la población infantil del país y 7.3 por ciento de la población con discapacidad.
En los primeros cuatro años de vida, las niñas representan la mayor proporción de personas con discapacidad. Pero en la población infantil con discapacidad, uno de cada diez infantes son niños de 10 años.
La Encuesta Mundial de Salud refiere que la prevalencia de discapacidad es mayor en los países de bajos ingresos. Asimismo, las personas con pocos ingresos, sin trabajo o con poca formación académica, tienen mayor riesgo de discapacidad.
