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Rechazan cena de funcionario; querían auto

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca de Juárez.- Enojadas, las trabajadoras de base del gobierno estatal exigían un cuarto, quinto y sexto auto para rifar en el desayuno para burócratas del Estado que realizaron para festejarlas por el "Día de la Madres".


"¡Nooo!", "¡Otros, otro, otro!", gritaban las mujeres decepcionadas al saber que sólo eran tres coches último modelo los que rifarían. Era la mitad de los que sortearon en otros años.


El abucheo para el secretario general del sindicato, Felipe Cruz Pinacho, era incesante. "¡Buuuh!", se escuchaba cuando hablaba el líder al tratar de dar una explicación y calmar el ánimo enardecido de las festejadas.


Al término de la rifa, las madres continuaron con sus gritos. "Ya no son los festejos como antes. En otros años el sindicato daba un coche, el secretario de Administración otro, el gobernador otro; el Poder Judicial, Congreso otro y luego hasta uno más si se podía", recordaba con un tono entre melancolía y decepción una trabajadora sentada en una mesa donde el resto de las mujeres apretaba los dientes al recordar los viejos tiempos.


Este año ni el secretario de Administración, Alberto Vargas Varela, llegó; por segundo año, el gobernador Gabino Cué se ausentó; no había más opciones para negociar.


"Compañeras, el sindicato dio un coche, Administración otro y el tercero el gobernador, estamos buscando los medios para conseguir otro más", decía en al micrófono Cruz Pinacho; pero las mujeres insistían en sus reclamos.


La representante del Poder Judicial del Estado en el evento justificaba las limitaciones financieras de este año por lo que era imposible complacerlas. "¡Fuera, fuera!", "¡Buuuh!", "¡Para qué viene si no va a resolver!", volvieron a gritar las burócratas.


Para tratar de salvar el día, el jefe de la Oficina de la Gubernatura, Alberto Esteva Salinas, ofreció cocinar él mismo una cena para la familia de una de las trabajadoras, a cambio de un auto. La propuesta fue rechazada en medio de un ensordecedor abucheo.


Los minutos pasaban en medio de explicaciones vacuas y los furibundos reclamos de las festejadas quienes decidieron hacer oídos sordos, mientras, a lo lejos, el líder sindical lucía desesperado con el teléfono en mano: marcaba, hablaba, colgaba, marcaba, hablaba, colgaba, pero sus interlocutores no le daban una solución.


Sin más opción, Felipe Cruz Pinacho ofreció sólo un coche más de parte del sindicato. A regañadientes, las burócratas aceptaron la oferta, que aunque parecía insuficiente, era lo que había en el último festejo de este gobierno.

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