Las fusiones metálicas, el martillado firme sobre los tas y el yunque, los acabados y pulidos de piezas imaginadas y la cautela en la técnica para decorarlas, son los procedimientos y la labor de casi 80 años de don Fausto Vargas Ramírez, orfebre oaxaqueño que forjó junto a otros orífices la segunda corona de la Virgen de la Soledad; cientos de brillantes, quilates de oro y otras piedras preciosas que regalaron los habitantes de la entidad en 1959 y que fueron fundidos para celebrar cinco décadas de su coronación.
A sus casi 89 años -porque los cumple el 14 de mayo-, don Fausto es el último orfebre de la capital oaxaqueña y un sobreviviente de la generación que concluyó la corona de aproximadamente cuatro kilos, cincelada a mano y con una altura de 36 centímetros y 32 de diámetro; insigna que después de 38 años fue robada (1997).
"Este 2017 se cumple un año menos, desde que tuve 12 años amé la orfebrería y con eso obtuve mis ingresos y le di algo a mi familia. Mis hijos decidieron estudiar una licenciatura y no siguieron con el oficio, lo que me deja como la última generación", Don Fausto mencionó que durante este año es probable que se jubile del oficio que ha realizado durante 77 años.
"Mi vista no es la de antes, prácticamente no veo con el ojo izquierdo y me cuesta mucho realizar nuevas creaciones o encargos para armar una cadena o alhajas con muchos detalles", el hombre ahora sólo realiza reparaciones a las joyas, colocaciones de pilas y arreglos sencillos a relojes, modifica el diámetro de los anillos, entre otros trabajos de orfebrería que no requieren precisión.
El experimentado forjador afirmó ser un sobreviviente de los orfebres oaxaqueños de antaño y que ahora quedará una generación nueva, con procedimientos y herramientas de esta época que facilitan el trabajo, pero que pierden el trabajo manual y artesanal con la que antes se trataban a las joyas.
Don Fausto Vargas aún trabaja en su modesto taller, ubicado en el centro, en la calle Porfirio Díaz numero 317 (muy cerca de la cantina del Chato), donde desde hace 20 años ha cumplido con los trabajos de cientos de habitantes de la capital oaxaqueña que conservan el gusto de las alhajas, los pendientes y los materiales preciosos y brillantes.
