"Sus cabellos son de plata y su corazón de oro", se lee a lo lejos en una lona que pende de los pilares que rodean el patio de la Casa del Adulto Mayor. Así es Ricardita, quien atiende a los representantes de los medios de comunicación que le preguntan los pormenores de su juventud. Hoy cumple 106 años y por ello, todos fueron invitados al festejo.
La cumpleañera es la estrella frente a cámaras y micrófonos, y pese al intenso sol, conversa sobre aquellos años en su natal Huajuapan de León, donde se dedicaba a la vida de campo, con su mamá, a quien rememora con cariño, mientras su mirada se pierde por momentos, reviviendo sus mejores años.
"Yo también estoy sorprendida", dice al hablar de su edad. Pocos segundos después, sin titubear, cruza las manos cuyos dedos son adornados con un par de anillos plateados y asegura que el secreto de su longevidad: "se debe a la alimentación, porque yo recuerdo que tomaba mucha leche cruda y también comía huevos".
Para celebrar su día se puso muy guapa, eligió una fresca falda verde y una blusa del mismo tono adornada con flores, que contrasta con su piel morena que a lo largo de más de un siglo, se ha llenado de pequeños surcos y pecas que reflejan el implacable paso de los años.
También eligió peinar su totalmente blanca y brillante cabellera con una diadema y como complemento, un par de zapatos blancos que usa sólo para ocasiones especiales, pues, quienes la conocen, revelan que disfruta de pasar la mayor parte del día, descalza.
La casa para ancianos, ubicada en inmediaciones de Santa Rosa, ha sido su hogar por los últimos 10 años. Ahí, convive y participa alegremente en todas las actividades, a pesar de que, por su edad, ha perdido fuerza muscular y sólo puede desplazarse en silla de ruedas; también usa lentes, pues durante su juventud, perdió el ojo izquierdo.
Pese a ello, ninguna enfermedad grave aqueja su salud: su audición es casi perfecta, al igual que su estado de lucidez y memoria, además, no padece ninguna enfermedad crónico-degenerativa. Ya en confianza, asegura que los festejos que han realizado en su honor en el asilo, la llenan de alegría e inevitablemente, una sonrisa escapa de su rostro.
Además, sostiene, ha vivido una muy buena vida, al lado de su mamá con quien le gustaba salir de fiesta, y aunque lamenta no haber procreado hijos con su esposo, de quien enviudó muy joven, encuentra siempre motivos para sonreír.
De pronto, la lluvia de preguntas de los reporteros, se ha tornado en un ameno relato, pero éste es interrumpido por el personal de la casa de día, pues ha llegado el momento de acudir al salón y partir el pastel en honor a la festejada, quien en medio del escenario, tomó un lugar para disfrutar de las canciones que el tecladista le dedicó y que los invitados, casi todos de más de noventa años, coreaban desde sus asientos.
A la intervención musical le siguieron las felicitaciones, abrazos y muestras de afecto de algunos de los 60 habitantes del lugar, así como del personal médico, quienes le desearon muchos años más.
Ricardita, un roble de 106 primaveras
