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Escuela migrante en Oaxaca: alumnos “golondrinos”

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN MIGUEL TILQUIAPAM, Ocotlán, Oaxaca.- En unos días más, los padres de Elizabeth, Jenifer, y Fortino partirán rumbo a Chihuahua o Sinaloa a la pizca del tomate o a vender nieve.


Mientras papá y mamá se alistan para trasladarse al norte, los infantes aprovechan la estancia temporal en su comunidad para acudir a la escuela especial para niños migrantes.


Este plantel educativo es solamente el “nido” en el que habrán de incubarse mientras emprenden el vuelo.


Entre libros y cuadernos, juegos y manualidades, los alumnos se preparan para la travesía, con la esperanza de regresar en agosto, a la fiesta de la Virgen de la Asunción.


Tal vez hasta se queden a pasar la temporada de “muertos” y las fiestas navideñas. Tal vez sea éste su último invierno en tierras oaxaqueñas, porque estos niños-golondrina no sueñan con quedarse, sino con volar a otros sitios donde encuentren mejor abrigo y condiciones de sobrevivencia.


Más de 55 niños y niñas comenzaron su curso este año, pero debido a la movilidad, ya se han ido 15. Los que aún quedan, saben que solamente están aquí de paso. Irán y no volverán hasta que sus padres logren juntar lo suficiente para estar aquí el resto del año.


Cuando se vayan únicamente se llevarán, entre su escaso y humilde equipaje, una constancia de estudios.


PEQUEÑOS EN TRÁNSITO


Estos niños y niñas que estudian desde preescolar hasta sexto de primaria sufren al igual que sus padres las incomodidades que se presentan durante el viaje a los campos agrícolas.


En el fenómeno migratorio hay una nueva variante: los habitantes de este municipio están teniendo mucho éxito con la elaboración y venta de nieve en otros estados del país.


Y ahorita viene para ellos la mejor temporada.


--“Las nieves de mi papá son muy ricas. Él las vende en Chihuahua, porque ahí hace mucho calor”, cuenta Elizabeth.


Sin embargo, no todos los menores se van con sus padres. Muchos de ellos se quedan con sus abuelos u otros familiares. Esto provoca desintegración familiar, y los niños y niñas que se quedan muestran algunos problemas de conducta, explica el profesor encargado de la escuela, Porfirio García Sanpedro.


Los niños no se van... se los llevan


Contrario a los niños que se van en busca de sus padres migrantes, en Tilquiapam los familiares se los llevan consigo.


Así, el sufrimiento lo comparten con sus padres cuando se quedan en la intemperie, en cuartos pequeños y con problemas de hacinamiento. También a esta edad temprana, los niños van aprendiendo la importancia del trabajo y el valor del dinero.


Pero queda algo importante, dice el profesor, que es el amor por su cultura zapoteca, pues a pesar de su permanente movilidad, no dejan de hablar en zapoteco.


“Me quiero ir”


Fortino no sueña con ser futbolista o cantante de rock. A sus 11 años, quiere trabajar en el campo de Sinaloa o vender nieves como sus papás.


--“Ya me quiero ir”, dice.


Está emocionado por volver a recorrer esos miles de kilómetros que lo llevarán a una casa que le gusta más que en la que actualmente habita.


Aunque es pequeño, irse con sus padres a otra ciudad es una opción muy atractiva, pues ganan más y en pocos años pueden llegar a comprar cosas que en su pueblo se tardarían mucho o a lo mejor nunca lo ganarían, ni lo podrían comprar con trabajo de toda una vida.


Ya la cultura de migrar al norte está tan arraigada que los niños desde chiquitos sueñan con irse para allá.


El dilema del retorno


Jenifer tiene escasos 10 años y ha pasado más de la mitad de su vida arriba de un autobús viajando de Oaxaca a Zacatecas.


--“Ya me acostumbré”, menciona.


Asegura que ya se está preparando para el viaje de cada año, y que le gustaría quedarse allá.


De niños, los emigrantes sueñan con el norte; cuando son jóvenes trabajan duro en ese norte para volver algún día. Cuando ese día parece cercano, el retorno se convierte en un gran dilema porque se ha vivido entre dos mundos, y la vida transcurrió sin decidir dónde vivir porque se ha vivido migrando.


Volverán las golondrinas


Cuando termine la pizca de tomate o culmine la época de calor, los “niños golondrina” volverán a su nido que es la escuela, destaca el profesor Porfirio.


Y como el poema de Bécquer, “otra vez con el ala a sus cristales, jugando llamarán”.


UBICACIÓN


Su distancia aproximada a la capital es de 44 kilómetros. Limita al norte con el municipio de San Antonio Castillo Velasco; al sur con San Jerónimo Taviche; al oriente con San Baltazar Chichicapam; al poniente con Santa Catarina Minas.


Marginados


El municipio tiene un grado de marginación muy alto. Población: 3,160 habitantes


Signo migrantes


3.53 promedio de hijos nacidos vivos


81 mayores de 5 años nació en otra entidad


14 mujeres nacidos en otra entidad


19 habitantes de Tilquiapam nació en otra entidad


27 pesos 93 centavos ingreso promedio diario

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