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A propósito del 30 de abril

Foto(s): Cortesía
Redacción

Mañana se celebra en México el "Día del Niño” instaurado por el presidente Álvaro Obregón en 1924. Lejos de conmemorar la alegría y belleza que refleja la infancia, el festejo tiene como punto de partida el honrar el recuerdo de toda la niñez del mundo que se vio inmersa en la Primera Guerra Mundial.


Años más tarde, con la consolidación de las Naciones Unidas, se eligió la fecha “oficial” del 20 de noviembre como “Día Internacional de la Niñez”; sin embargo, en México, esa ocasión está reservada para la conmemoración de la Revolución, por lo que se decidió continuar con el día que ya se tenía establecido.


Ser niño en México es complicado y ser niña lo es mucho más. La cosmovisión del mexicano tiene ya muy establecido el “cómo deben ser” respectivamente y cualquier variación a sus ideas puede llegar a causar incomodidad entre la sociedad.


Los estereotipos clásicos de niña y niño (rosa y azul, respectivamente), aunado a una excesiva exposición a los medios de comunicación que los refuerzan, junto con un modelo educativo desinteresado por el desarrollo humano, representan la forma en que se vive, siendo niño o niña en México; esto es: los estereotipos, los medios de comunicación y un modelo educativo sin humanidad, son los “encargados” de formar lo que la niñez piensa sobre sí misma.


La niñez en México vive en la incógnita y en la mayor parte del mundo, también. Se trata de una etapa en la vida con dudas sin respuestas, de asombro y descubrimiento, pero también llena de peligros y traumas, desconocimiento de límites y nula visión de futuro a largo plazo. Es una edad de maleabilidad,  donde se comienzan a formar de ideas y pensamientos que sirven de cimiento para el adulto del futuro. Son años de asimilación de información sin reserva, ni control, ni juicio; esos se irán formando en la transición hacia adulto.


Durante la niñez, los cumpleaños son solo una fiesta; se desconoce el paso del tiempo y la cercanía de la muerte. Conforme crecen, los niños se van convirtiendo en adolescentes (algunos todavía con desplantes infantiles), hasta que, ¡por fin! después de probar su valentía y demostrar ante el resto que “ya no son niños”, pasan a formar parte del “grupo de los grandes”, porque los niños deben de realizar una agresión para “demostrar” que han dejado de serlo y que se encuentran preparados para dejar de usar pantalones cortos.


En las niñas es diferente, es peor, ellas entran de golpe. Se duermen niñas y despiertan mujeres, con la entrepierna manchada de sangre. A partir de ese momento, para ellas los juegos terminaron, han entrado de golpe al mundo adulto y comienzan a darse cuenta.


En México, cada fin de abril se organizan festivales, juegos, fiestas, todo se llena de algarabía para festejar a esos pequeñitos que nunca se les toma en cuenta. El sistema nacional siempre ha mostrado desinterés por la infancia, organizando simulaciones de encuentros entre diputados infantiles (que leen discursos preparados por adultos), eliminando apoyos destinados a ellos, desinteresados en sus opiniones; eso sí, listos para presumirlos en las fotografías. Pero siendo honestos, el desinterés político hacia la infancia es resultado de la lógica misma del estado/sistema: los niños no votan.

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