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Sor Juana Inés de la Cruz, la Décima Musa

Foto(s): Cortesía
Redacción

Hace muchos años, en la Nueva España, en la segunda mitad del siglo 17, brilló un ser humano excepcional para su tiempo y para los tiempos venideros; más excepcional aún si tomamos en cuenta que, en aquel momento, el espíritu humano estaba ceñido por el corsé de la religión y que ésta determinaba el rumbo, no sólo de las cosas sacras sino aún de las profanas. Hablo, por supuesto de la religiosa jerónima y escritora Sor Juana Inés de la Cruz.



Al revisar la vida de este personaje, a 325 años de su fallecimiento, no podemos más que maravillarnos por los múltiples talentos que la adornaron: lectora precoz, políglota capaz de conversar en latín, castellano y náhuatl; religiosa que dominaba la cocina y que probablemente compuso música; además, como escritora, Sor Juana mostró una versatilidad inusitada en géneros diversos como el drama, la epístola y aún en la poesía lírica dominó sus diferentes expresiones.


Muchas de las composiciones de Sor Juana circularon profusamente en el México novohispano en formas manuscritas y en publicaciones modestas, gozando de cierta popularidad que le dieran, sobre todo, sus versos profanos en los que, ya sea por encargo o por dar cauce a sus propios sentimientos, reflexiona como  nadie sobre el amor correspondido y el contrariado.



Quizá lo más fascinante al hablar de Sor Juana Inés es, precisamente, la serie de contradicciones que la rodean. Juana de Asbaje vivió en la corte virreinal y desde joven sus talentos eran sobresalientes; fue considerada una joven prodigio y, por lo mismo, fue favorita de la Virreyna y alcanzó cierta notoriedad. Los retratos que se hicieron de su persona nos revelan a una bella mujer y siempre ha quedado en el aire la interrogante de cómo fueron excluidos de su vida, a favor de la profesión de fe, el matrimonio y la vida erótica; ¿o es simplemente que el ejercicio intelectual que le apasionaba, solo podía realizarse al amparo de la vida religiosa?


Habría que considerar que las condiciones de vida de una mujer  en aquellos lejanos tiempos, no pueden compararse a las condiciones de hoy en día. Hasta ese momento, términos como libertad de pensamiento, libertad sexual y elección vocacional, ni siquiera habían sido acuñados y en un entorno doméstico (un matrimonio), estos talentos que tanto alabamos hoy en día, habrían sido coartados por las convenciones sociales.



Después de su fallecimiento, la obra de Sor Juana vivió en cierta oscuridad hasta que aparecieron figuras como Manuel Toussaint, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Castro Leal y en la última recta del siglo 20, Octavio Paz y Margo Glantz, que con sus libros “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe” y “Sor Juana Inés de la Cruz : ¿Hagiografía o autobiografía?” respectivamente, parecen darle forma definitiva al mito.


De su obra, la “única poetisa” y “musa décima” solo vio un volumen publicado en vida, “Inundación Castálida”; en él Sor Juana nos da muestra de cómo “en varios metros, idiomas y estilos fertiliza varios asuntos con elegantes, útiles, claros, ingeniosos y útiles versos para enseñanza, recreo y admiración”.


“Juana de Asbaje vivió en la corte virreinal y desde joven sus talentos eran sobresalientes; fue considerada una joven prodigio y, por lo mismo, fue favorita de la Virreyna y alcanzó cierta notoriedad”.


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