El día de hoy, la transformación del planeta pasa irremediablemente por la transformación del ser humano, esta frágil criatura que hace 200 mil años no era sino una especie más de las que poblaba el planeta y que ahora parece tener la capacidad de definir el futuro de todos los seres vivos.
Miles de años de evolución han puesto al ser humano en la antesala de la divinidad, donde hace sus pininos en la creación de criaturas posthumanas, culmen del proceso que dio inicio cuando alguien imprimió su huella en las paredes de una gruta, como una forma testimonial de su paso por la Tierra.
Luz María Sepúlveda escribió un fabuloso ensayo titulado La utopía de los seres posthumanos que fue galardonado con el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos 2004, otorgado por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Este ensayo, publicado el mismo año por el Fondo Editorial Tierra Adentro, es una puesta en duda del estado de la humanidad.
Organizado en breves apartados, el libro comienza con la experiencia de Orlan, una artista francesa del performance, cuyo acto consiste en modificar su cuerpo de manera extrema a través de la cirugía estética. La artista consigna estas experiencias por medios audiovisuales, produciendo vídeos de sus cirugías y montando exposiciones con restos (sobrantes) de las mismas. El punto clave es que el ser humano no tiene porqué conformarse con el cuerpo que le ha otorgado la naturaleza, cuando tiene al alcance de su mano la posibilidad de modificarlo a voluntad, satisfaciendo criterios de belleza o funcionales que pueden no corresponder a los cánones establecidos.
Sepúlveda enseguida trata el tema del “cyborg”, entendido como aquel híbrido producido por la combinación de un cuerpo humano y una máquina. El antecesor literario de este concepto, es un personaje de ficción de sobra conocido: la criatura a la que da vida el Doctor Frankenstein, la versión pervertida del mito de la creación humana que escribiera Mary Shelley en 1818 (aunque el cyborg “original” es aquel hombre que utilizó, por vez primera, una prótesis para sustituir alguna parte de su cuerpo).
Uno de los apartados más interesantes y divertidos de este volumen es aquel que se titula “Algunas consideraciones semánticas de los humanos artificiales”, en la que podemos conocer las definiciones y las diferencias que existen entre un androide, un autómata, un cyborg, un clon, un robot, un replicante y otros seres menos sofisticados que intentan reproducir la figura humana de manera lúdica, mágica o artística como son las muñecas, los homúnculos, el Golem y el mismo Frankenstein.
El ser humano, es un hecho, se encuentra revestido de tecnología y hoy mismo no se puede concebir sin un lenguaje, vivienda, vestido, medios de transporte y comunicación y, en fin, sin todo el cúmulo de herramientas que ha desarrollado a lo largo de milenios; por ejemplo: hoy es poco menos que imposible pensar en una sociedad que prescinda de la informática, es decir, en términos prácticos, el ser humano ya es un cyborg.
“El cyborg 'original' es aquel hombre que utilizó, por vez primera, una prótesis para sustituir alguna parte de su cuerpo”.
