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La afición se le entregó a Jaime Brena un año del emotivo adiós

Foto(s): Cortesía
Julio León

Su mamá limpiaba las lágrimas de sus mejillas, tal y como cuando era niño. El llanto por la emoción, por el cúmulo de sentimientos, fue inevitable para él. La ovación fue de pie en el estadio Eduardo Vasconcelos. Se erizaba la piel. Fue la despedida del ídolo de casa en los Guerreros de Oaxaca, Jaime Brena, el año anterior.


Tras ese 7 de abril del 2019, el emblemático número 10 habló con Xtremo Deportes sobre esa histórica despedida.


“Fue un día muy emotivo para mí y lleno de emociones encontradas: agradecimiento, melancolía, tristeza, felicidad, satisfacción, etcétera”, recuerda el infalible segunda base de los Guerreros durante 21 temporadas en la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), siendo al momento el único oaxaqueño que se ha consolidado y brillado por largo tiempo en el club bélico.




ALGARABÍA Y RECONOCIMIENTO


El adiós se registró en el marco del tercer juego de la primera serie de esa temporada, la cual fue frente a los Olmecas de Tabasco.


Antes de ese encuentro, fueron expuestos en el pentágono del Vasconcelos los cinco Guantes de Oro que conquistó en su carrera. Y enseguida dio inicio lo que fue su último partido.



En su segundo turno, fiel a lo que lo identificó a lo largo de su carrera, se reivindicó y conectó lo que sería el último hit de su trayectoria, para sumar más de mil 500.


Para el cuarto capítulo, a la defensiva, prende la reversa para atrapar un elevado en el jardín derecho y conseguir el out.


Ya en el quinto inning, en las gradas aparecía ese enorme plotter con la frase: “El 10 es leyenda” y él respondía con una línea que gracias a un error permitiría que volviera a embasarse y tras imparable correr a toda velocidad, con esa agilidad que siempre lo identificó, para estacionarse en la antesala.



Tras caer el primer out del quinto rollo, llegó la entrega del reconocimiento por parte del propietario de los Guerreros, Alfredo Harp Helú, quien acompañó a Brena al lado de su hijo Santiago Harp.


Escoltaron al oaxaqueño en este instante inolvidable, sus padres, esposa e hijos.


El estadio completo se le entregó con una algarabía y reconocimiento, tal y como si el equipo estuviera ganando el segundo campeonato de su historia.


Luego, fue retirado el número 10 en el jardín derecho del Eduardo Vasconcelos.


Lo despidieron, lo abrazaron todos y cada uno de sus compañeros del roster, por supuesto, el primero de ellos fue su fiel amigo en el club, el cátcher y ahora mánager-jugador de la novena bélica, Érick Rodríguez.


Así, sin poder contener la emoción y vaya que era justo, siguió con los ojos enrojecidos y sin evitar una que otra lágrima al tiempo que se paró por última vez a la altura del círculo de calentamiento para darle el adiós a la afición con mano en lo alto y agradecerles al mismo tiempo su fiel apoyo.


Y “estalló” el Vasconcelos, tal y como cuando pegaba esos hits a la hora cero para dejar tendidos en el terreno de juego a los acérrimos rivales.



HOY, ES GERENTE DEPORTIVO


Ahora, ha iniciado una nueva faceta tras recibir la encomienda de ser gerente deportivo de sus Guerreros.


“Tener la oportunidad de seguir dentro de la organización y del beisbol es para mí un orgullo. Ahora, desde otra perspectiva, tenemos nuevos retos, nuevas metas y más aprendizaje”, puntualiza el originario de San Sebastián Etla, de 39 años de edad.

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