Los indígenas de a pie, los desprotegidos, no llegaron ayer a la Cámara de Diputados; en cambio, el salón del pleno abrió sus puertas a los ladinos, los políticos, los oradores, los gestores, que se han encumbrado en la administración pública con el discurso indígena.
Por eso no hubo huaraches, sino zapatillas de tacón grueso para ocultar la baja estatura; tampoco blusas de manta, sino vestidos estilizados elaborados por modistos; no hubo trenzas, porque fueron sustituidas por peinados de salón de belleza; ya que la fiesta no fue de los indígenas sino de quienes se han apropiado de sus necesidades y carencias para tener un buen nivel de vida.
El informe desde la palestra es revelador: cifras de entrega de apoyos, efemérides, beneficiarios de programas, todo ello posible gracias al maestro Alejandro Murat Hinojosa o su esposa.
Para la titular de la dependencia, Eufrosina Cruz Mendoza, no hay miseria, no hay hambre, no hay violencia, problemas de salud, de educación, de infraestructura de servicios básico en los pueblos y comunidades indígenas; sólo beneficios del gobierno o, mejor dicho, de su gobernador.
Deuda histórica
Los mismos integrantes de las comisiones unidas de asuntos indígenas y migración, y de grupos en situación de vulnerabilidad de la 64 Legislatura, se olvidaron de los indígenas y afromexicanos ya que sus interrogantes giraron en torno a los gastos de la dependencia y la realización de supuesta obra pública.
Nadie se preocupó por analizar los resultados de las cifras y datos proporcionados, cuando en las comunidades campea el hambre y la desolación.
Oaxaca tiene 434 municipios indígenas, millones de habitantes pertenecen a una etnia o grupo indígena, sin embargo en el edificio de San Raymundo Jalpan no tienen mayor problema, más que ensalzar el trabajo de la nueva dependencia estatal.
La diputada priista Maritza Escarlet Vásquez Guerra fue la única en recordar la gran deuda histórica y social con los pueblos indígenas.
“Esa deuda es grande, más aún en un estado con las características de Oaxaca”, aunque únicamente para adjudicar al gobernador Murat Hinojosa el trabajo de resarcimiento con los pueblos indígenas.
Otros diputados aunque iniciaron sus intervenciones en su lengua materna, terminaron como todos los demás, ignorando las condiciones en que viven los habitantes de los pueblos originarios, sin duda las peores en toda la entidad.
Así indígenas y mestizos convirtieron la comparecencia de un funcionario público, un ejercicio de rendición de cuentas, en una reunión sin substancia, sin fondo, sin preocupaciones ni para la invitada, ni para los representantes populares por la problemática real de los indígenas.
“De verdad quisiéramos ser exigentes con usted, pero con un presupuesto de 20 millones de pesos qué se puede hacer”, expresó el expriista Arsenio Lorenzo Mejía García, quien exhibió la otra mentira de la presentación porque ni siquiera los recursos fueron tantos.
